Coaching Teleológico para mantener los cambios importantes

Post escrito por Hermínia Gomà en enero 31, 2010
Categorías del post: Coaching empresarial,General

 

¡Despierta tu mente para mantener

el cambio que has iniciado!

Es probable que algunos de vosotros os hayáis planteado en algún momento de vuestra vida realizar un cambio importante: dejar un hábito nocivo, alcanzar una meta personal o profesional, lograr un objetivo concreto, fortalecer vuestro carácter o hacer realidad vuestro sueño.

Os habéis sentado con vosotros mismos, y muy seriamente os habéis dicho:

¡Basta! ¡Voy a cambiar! ¡No lo volveré a hacer jamás! ¡Esto se ha acabado! ¡La última vez que lo hago! ¡A partir de ahora todo será distinto! ¡Ésta es la definitiva! Es tan grande vuestro entusiasmo que lo habéis anunciado a los cuatro vientos, pensando que así ya no hay vuelta atrás, estáis  reforzando vuestro compromiso con vosotros mismos.

La mayoría de nosotros cuando queremos cambiar recurrimos a la innovación, nos proponemos romper con el pasado y hacer algo diferente. Empezar a hacer las cosas que no hemos hecho hasta ahora. En otros casos si ya lo intentamos en el pasado y claudicamos nos decimos que realmente no estábamos preparados. ¡Ahora es ahora y vamos a emprender las cosas de manera distinta! Haré las cosas “que debo hacer», haré lo correcto.

No somos conscientes de que nos hemos dado una orden a nosotros mismos. A pesar de que la hemos dado nosotros, no deja de ser un imperativo que debemos obedecer. Me pregunto: ¿Qué garantías de éxito podemos esperar de un mandato? ¿Cuánto tiempo podremos mantener el entusiasmo? ¿Qué tiene que ver esta orden con nosotros? ¿Qué ha cambiado realmente? Porque nosotros seguimos siendo quien éramos antes de darnos la orden. ¿Qué ha cambiado? ¿Qué necesidad nos está impulsando a tomar esta decisión?

En algunas ocasiones esta decisión de cambio es fruto de una situación concreta, que nos agita y nos hace tomar conciencia de no estar haciendo lo correcto. La necesidad de aliviar el malestar de la culpa hace que tomemos la decisión de actuar desde lo obvio: dejo de fumar, no comeré dulces, iré al gimnasio, no me enojaré, etc…

Después de un tiempo “cumpliendo la orden” olvidamos el malestar y la culpa que originaron el cambio y ¿para que mantenerlo?, volvemos a nuestros viejos hábitos.

Cuando innovamos lo hacemos en un periodo de tiempo muy breve e instauramos un cambio radical. De manera veloz, importante y sugerente; aspiramos al resultado más amplio en el menor tiempo posible. No obstante, si desistimos y nos hundimos, el dolor y la vergüenza que esto conlleva pueden ser devastadores.

Puede ocurrir que iniciemos un cambio de hábito, que llevados por nuestro entusiasmo comuniquemos a todo el mundo que por fin hemos dejado de fumar, que hemos iniciado la dieta, que nos hemos apuntado al gimnasio, que vamos a llegar puntuales a partir de ahora, que mantendremos ordenada nuestra mesa de trabajo, que no gritaremos etc.

Cuando lo comunicamos conseguimos las felicitaciones de los demás, incluso su apoyo, oímos comentarios como: “Ya era hora” o miradas que expresan: “Yo no te lo quería decir, pero menos mal que te has dado cuenta”, etc.. Y nos animamos, estamos en el buen camino, los demás nos aplauden, nuestro entusiasmo es total… hasta que… al cabo de un tiempo volvamos a nuestros antiguos hábitos. ¡Qué dolor tan profundo! ¡Qué decepción! Ya no podemos confiar ni en nosotros mismos, hemos perdido credibilidad.

Con demasiada frecuencia, tenemos éxito a corto plazo, sólo para recaer en nuestras viejas costumbres cuando desfallece nuestro entusiasmo inicial.

El cambio a nivel mental puede significa una oportunidad, pero en algunas ocasiones a nivel emocional conecta con el miedo. Dejar lo conocido para iniciarnos en lo desconocido, interpretado como amenazante para nosotros. Los seres humanos estamos preparados para sobrevivir y para ello contamos con diferentes mecanismos para afrontar lo que interpretamos como peligroso: la huida, el ataque, la defensa o la parálisis.

Si el cambio que nos plantemos es demasiado rotundo, imperativo o exigente, es probable que no podamos mantenerlo. Por eso es importante que tengamos muy clara la meta final pero que avancemos paso a paso.

Cuando le mandamos una orden a nuestro cerebro: ¡No fumes!, ¡No comas!, ¡No te sulfures!, ¡Se amable!, ¡Debes ordenar tu mesa!, etc…El terror a desobedecer el mandato, el miedo a fracasar, la preocupación por los resultados, la ansiedad por dejar el viejo hábito, están ocupando o paralizando nuestro cerebro en lugar de impulsarnos a tomar la decisión correcta. 

Esto implica un cambio de estrategia:

 ¡¡¡Preguntemos a nuestra mente, despertémosla!!!!

Las preguntas son muy productivas y útiles para generar ideas y soluciones. Las preguntas captan admirablemente el interés de nuestro cerebro. ¡Mucho más que las órdenes o los mandatos!

El principal criterio del hipocampo para almacenar información es la repetición, por lo que hacer preguntas de forma reiterada no deja al cerebro otra alternativa que prestar atención y comenzar a crear respuestas y buscar soluciones. El cerebro quiere funcionar. Una pregunta lo despierta y lo encandila. Al cerebro le encanta responder preguntas, incluso las que sean absurdas o peculiares y reflexionar sobre ellas. El cerebro no puede dejar pasar una pregunta sin darle respuesta.

Los cambios poco llamativos contribuyen a que nuestra mente sortee el miedo que impide el éxito. Las acciones pequeñas satisfacen la necesidad de nuestro cerebro de hacer algo.

Leí hace años en el libro de Robert MaurerEl camino del Kaizen”, una cita deSam Keen muy acorde con este tema:  

“Lo que determina nuestra vida son las preguntas que hacemos, las que nos negamos a hacer o las que jamás pensamos en hacer.”

Todos sabemos lo que realmente nos conviene y lo que es correcto. Es evidente que no siempre este conocimiento consigue generar el cambio que deseamos. Hacernos la pregunta correcta de manera reiterada nos hace más concientes de nuestra situación y de la que queremos conseguir. Nos sentimos seguros y satisfechos con nuestras respuestas y deseosos de seguir nuestra propia inspiración. Haciéndonos preguntas mantenemos desactivada nuestra reactividad e impulsada nuestra proactividad.

¿Qué estoy priorizando al tomar esta decisión?

¿Qué haría hoy de otra manera si este tema fuera prioritario?

¿Qué perderé al tomar esta decisión?

¿Qué perderé si tomo la contraria?

¿De qué estoy huyendo cuando decido no mantener el cambio?

¿A que me enfrento si apuesto por el cambio?

¿Cómo venceré mis sabotajes internos?

¿Cuáles fueron las justificaciones más exitosas del pasado, por las que desistí?

¿Qué situaciones me darían “permiso” para no mantener el cambio?

¿Qué deseo satisfago cuando decido no comprometerme con el cambio?

¿Cómo sería mi vida sin ese hábito?

¿Cómo me sentiría si dejara ese hábito?

¿Qué estaría haciendo de otra manera si creyera que no iba a fracasar?

¿Cuál es uno de los pasos pequeños que yo podría dar para alcanzar mi meta?

¿Qué ha funcionado en los cambios que he mantenido?

Estas preguntas permiten que mi cerebro se centre en resolver problemas y, en último término: pasar a la acción y mantenerme en ella.

El Coaching Teleológico es el proceso que nos permitirá a través de las preguntas que nos proporcionará nuestro Coach, conectar con lo mejor de nosotros mismos, facilitando que nuestra mente busque nuestra mejor respuesta y se prepare para pasar a la acción. Es un proceso de aprendizaje que prepara nuestra mente mediante preguntas que nos permitirán seguir manteniendo el éxito inicial.