¡Aprender con nuestros hijos puede ser lo mejor del día!

Post escrito por Hermínia Gomà en junio 25, 2010
Categorías del post: Coaching de pareja,Formación,General,inteligencia emocional

padres y madres

 

 

 

               

Aprender con nuestros hijos puede ser…

¡Lo mejor del día!

 

A veces los padres estamos tan centrados en nuestras responsabilidades cotidianas, laborales y familiares que olvidamos nuestro papel como referentes para nuestros hijos. Los padres tenemos un papel fundamental en su proceso de maduración emocional y cognitiva. Somos los transmisores de los valores en los que creemos. Cuando nos centramos demasiado en nuestro trabajo o en las tareas familiares, desconectamos de la gran responsabilidad que supone desarrollar el liderazgo de todos los miembros de la familia. Como referentes para nuestros hijos, podemos influimos en ellos mediante nuestro carácter, nuestras emociones y los valores con los que vivimos.

 

 

Actualmente demasiados padres ignoramos nuestro protagonismo en la educación de nuestros hijos. Delegamos en la escuela esta tarea, sin consciencia de que aprender es una necesidad humana y de que cuando aprendemos con otros el placer se multiplica y los vínculos se estrechan.

 

Creemos que llevándolos a una buena escuela, vigilando que hagan los deberes y realizando múltiples actividades extraescolares nuestros hijos estarán capacitados para ser personas integradas en la sociedad, tener un buen futuro y ser felices. Todo esto puede ayudar pero quizás no sea suficiente. ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollarse plenamente? ¿Qué queremos priorizar?

 

Personalmente considero que el proceso de aprendizaje de cualquier organización, en este caso la familia, sólo se da plenamente, cuando aprendemos todos juntos. Si escuchamos a nuestros hijos y hablamos con ellos, si realmente creemos que podemos aportarles algo, al igual que ellos pueden aportarnos a nosotros, empezamos a poner los cimientos de una familia que aprende junta. ¿Cómo hacerlo posible?

 

Hace pocos días preguntaba a un grupo de directivos, asistentes a un seminario, de qué manera habían practicado su proactividad a lo largo de la semana. Uno de los asistentes (*), emocionado y feliz narró su experiencia, que con gran generosidad me ha permitido compartir con vosotros:

 

Habitualmente es él quien acompaña a sus hijos a la escuela cada mañana, ya que su esposa entra a trabajar antes que él. Tiene tres hijos y quería que el trayecto fuera una oportunidad para aprender juntos. De manera proactiva decidió realizar un juego, poniendo en práctica algo de lo que habíamos estado trabajando la sesión anterior. Les propuso lo siguiente:

 

          Voy a pediros que contéis los árboles y las farolas que iremos encontrando a lo largo de la avenida.

 

Sus hijos, atentos y concentrados iniciaron la cuenta. Habían conectado con su capacidad para observar más allá de ellos mismos.

 

El juego, inicialmente no tenía nada de original, seguro que muchos de vosotros lo habéis realizado con vuestros hijos, sobretodo para distraerlos en trayectos largos en coche: ¡Contad los números de las matrículas! ¡Contad los coches de color rojo!, etc…

 

Volviendo a nuestro ejemplo, los niños, al final de la avenida dieron los resultados: el recuento sumaba el doble de bancos que de farolas. Y fue entonces, cuando su padre hizo el pequeño gesto, aparentemente inocente, que lo cambiaría todo, lanzó una pregunta:

 

          ¿Qué significa, para vosotros, esta diferencia?

 

El juego ya no era un entretenimiento. El juego había subido de nivel. Se requería de todo su intelecto, intuición, y emociones. Se les pedía que pensaran por si mismos. A partir de esta pregunta su necesidad de cuestionarse, de reflexionar de dar con una  respuesta que explicara el fenómeno provocó tal inspiración que todos participaron alegremente en el proceso. Cuando el tema se agotó, aún quedaba tiempo para otra investigación:

 

          Ahora voy a pediros que contéis cuantos hombres y mujeres encontramos.

 

En este caso encontraron aproximadamente el mismo número. El padre volvió a ofrecerles otra pregunta:

 

          ¿Qué significa, para vosotros, esta coincidencia?

 

Ahora sus hijos estaban lanzados (el padre también), disfrutando de compartir sus ideas, aprendiendo juntos.

 

El hecho de que su padre quisiera saber sus hipótesis o sugerencias y las aplaudiera, que él también compartiera las suyas, les hizo vibrar y pudieron sentir el placer de aprender juntos. Por primera vez, el paseo hasta el colegio no fueron riñas ni disgustos. Fue una gran experiencia. Deseaban compartir lo que habían hecho con su madre cuando regresaran a casa. Querían incluir a su madre en el gran descubrimiento que habían realizado: aprender juntos era muy divertido.

 

Al día siguiente, esperaban con mucha ilusión el momento de salir hacia el colegio. Nadie se retrasó. Ellos ya habían pensado lo que querían observar ese día. Sabían que el juego había subido de nivel. Se sentían seguros y confiados para expresarse y compartir, ya que todas las ideas eran apreciadas y estudiadas. Observar y reflexionar era divertido pero llegar a sus propias conclusiones les permitía saberse inteligentes.

 

Cuando ponemos nuestra proactividad (iniciativa más recursos) al servicio de nuestra familia, aprovechando todas y cada una de las oportunidades de aprendizaje que la vida nos ofrece, podemos ayudarles a crecer y desarrollarse, nos ayuda a crecer y a desarrollarnos. Curiosamente, cuando aprendemos todos de todos, se genera un clima positivo y se experimenta genuina alegría que motiva el desarrollo personal y sobre todo fomenta la interdependencia y la sinergia, paradigmas y hábitos que nos hacen tomar conciencia de que hay resultados que por si solos nunca conseguiriamos, que precisamos de la cooperación conjunta para que sucedan.

 

Podemos ser los inspiradores de nuestros hijos, aprendiendo con ellos y permitiéndonos aprender de ellos. Si queremos podemos generar contextos de aprendizaje para sacar lo mejor de nosotros mismos y de nuestros hijos. Aprender con nuestros hijos puede ser lo mejor del día.

 

A veces, los grandes cambios se producen de forma imperceptible. En otros casos, un pequeño gesto provocará grandes cambios en nuestras vidas. La grandeza del gesto reside en la certeza de estar avanzando hacia donde queremos ir. Nos llena de esperanza. Nos vincula y nos permite experimentar el placer por aprender juntos. Competencia básica si queremos aprender a trabajar en equipo.

 

Si queremos ser el referente para nuestros hijos y transmitirles los valores en que creemos, como en este caso, el valor de aprender juntos, de escucharnos y respetarnos, de compartir y desarrollarnos, podemos buscar oportunidades para generar pequeños gestos de amor. Gestos que nos permitirán desarrollar el liderazgo de todos los miembros de la familia.

 

¿Cuándo fue la última vez que te divertiste aprendiendo con tus hijos?

¿Qué pequeño gesto por tu parte, cambiará vuestra relación?

¿Qué valores quieres transmitir a tus hijos?

¿Quieres que sea una prioridad para ti?

 

 

(*) Gracias Eloy, por compartir esta experiencia con todos nosotros. Ya ves, un pequeño gesto por tu parte, nos puede ayudar como padres a reflexionar e impulsar otros pequeños gestos que provoquen cambios importantes en nuestras familias.

 

Hermínia Gomà

25 de Junio 2010

 

 

Comentarios del post

Un artículo interesantísimo con un ejemplo muy inspirador. A lo largo del día, si sabemos escuchar, hay multiples ocasiones de ayudar a nuestros hijos a pensar por si mismos ayudándoles a creer más en su potencial y potenciando su autoestima. El artículo me invita a reflexionar sobre cuantas oportunidades de este tipo dejamos escapar por estar pensando en «cosas más importantes».

#1 
Escrito por alex en junio 26th, 2010 @ 11:39

Hola Alex,
Gracias por tu comentario, celebro que el artículo te invite a reflexionar sobre las oportunidades que dejamos escapar y de esta amanera estar más atentos y aporvecharlas de manera entiquecedora para todos.

#2 
Escrito por Hermínia Gomà en junio 26th, 2010 @ 16:02

Hola Herminia,

Gracias por el artículo. La experiencia de Eloy es fantástica.
Ciertamente deberíamos estar más atentos a lo que podemos hacer con nuestros hijos y a lo mucho que su inocencia tiene que enseñarnos a los «mayores». Tenemos un gran reto en ayudar a aprender por si mismos a nuestros hijos.

#3 
Escrito por Joan del Rio en junio 26th, 2010 @ 23:00

Genial Herminia! M’ha encantat!

#4 
Escrito por Filo en junio 29th, 2010 @ 11:27

Muy bueno y positivo. Sobre todo en estos tiempos que podemos observar algunos padres y madres agobiados, quemados y poco felices.

Una propuesta maravillosa Hermínia!

Saludos.

#5 
Escrito por Evelyn en julio 2nd, 2010 @ 23:09

Gracies!!! Per aquet i tots els altres articles publicats, jo personalment cada dia apreng una lliço de vida escoltan la meva filla.

#6 
Escrito por ÀNGELA en agosto 22nd, 2010 @ 14:00

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