La importancia del lenguaje asertivo

Post escrito por Hermínia Gomà en octubre 23, 2010
Categorías del post: Coaching empresarial,General,inteligencia emocional

La importancia del lenguaje asertivo

La importancia del lenguaje asertivo  

Todas las personas nos comunicamos. En todo momento. No podemos no comunicarnos. Incluso, cuando no decimos nada ni verbal ni gestualmente, estamos expresando que no queremos comunicarnos.

Desde que nacemos nos comunicamos y se supone que nuestra comunicación ha de mejorar con el transcurso de los años. Desgraciadamente no siempre es así. Si, por ejemplo, estoy con mi socio y no me atrevo a llevarle la contraria, después me siento un pusilánime; cuando grito porque los colaboradores no han hecho lo que yo esperaba, después me siento culpable por no saber controlarme; cuando no digo nada pero siento rencor u odio hacia el otro, en estas ocasiones no soy una persona asertiva. Demasiadas veces nuestra pasividad o agresividad han enturbiado nuestras relaciones más significativas. Cuando soy pasivo o agresivo no logro mis objetivos y además daño mis relaciones.

La asertividad es una competencia fundamental para el éxito de nuestras relaciones y forma parte del desarrollo de nuestra inteligencia emocional. Significa que tenemos el poder de comunicarnos desde el respeto a nosotros mismos y el respeto a los demás. Decimos lo que realmente queremos decir, respondiendo de manera consciente desde la serenidad y no reaccionando desde el miedo o la rabia.

Nuestra comunicación es el resultado de nuestras experiencias y nuestras decisiones. Como personas adultas podemos decidir mejorar nuestra comunicación en beneficio de nuestras relaciones y de nuestro propio bienestar. ¿Cómo aprender a ser esta persona asertiva?

Me gustaría compartir una situación que viví tiempo atrás con un cliente, al que llamaré Andrés, con el que estaba realizando un proceso de Coaching. Andrés quería que trabajáramos su asertividad. En general se consideraba una persona tranquila y agradable, pero en ciertas ocasiones se ofuscaba y empezaba a discutir con su socio. Después de estas discusiones estaba varios días distante y retraído. Me propuso que trabajáramos el tema y a mi me pareció genial.

Andrés y su socio montaron su empresa con mucha ilusión y los dos estaban muy implicados en el proyecto. Andrés apreciaba a su socio y quería mejorar su asertividad ya que además del malestar que le generaban estas discusiones tampoco eran un buen ejemplo para sus colaboradores.

Empezamos a analizar qué ocurría. Habitualmente el conflicto se iniciaba cuando él estaba tranquilamente trabajando y su socio le hacía alguna crítica un tanto irritado. Andrés se sentía atacado, en el fondo tenía miedo de no ser apreciado y empezaba a defenderse muy  alterado. Tomó consciencia de que no era dueño de sus respuestas y se limitaba a reaccionar ante el malestar del otro. Decidió que el primer paso que daría sería observar qué estaba pasando y tomar distancia. Respirar y mirar a su socio para ver más allá de lo que en ese momento estaba diciendo. Mirarlo a los ojos y reconocer a la persona que apreciaba y valoraba. El segundo paso escucharse a sí mismo y preguntarse ¿cómo estaba antes de esta situación? ¿cómo quería responder? Si tomaba consciencia de que quería responder tranquilamente y no reaccionar desde el miedo, podía dar el tercer paso: realmente escuchar a su socio, de manera tranquila, sin necesidad de defenderse o justificarse. Escuchar hasta el final y transmitirle que comprendía su malestar, sus necesidades y ofrecerle su ayuda y colaboración.

Con la práctica, Andrés mejoró notablemente la comunicación con su socio y se generó un clima laboral muy positivo. Pudo trasladar lo aprendido a otras relaciones importantes en su vida como su pareja y sus hijos. Estaba muy satisfecho de los resultados, ya que ser una persona asertiva no solo mejoraba sus relaciones sino que también aumentaba su poder de influencia.

Al aprender a comunicarse de una manera asertiva, Andrés dejó de defenderse y redujo su agresividad ante la crítica, las opiniones o reacciones de los demás. Aprendió a expresar claramente lo que quería. Fomentó la empatía y el respeto en todas sus relaciones. Aprendió a detectar sus necesidades más profundas al escucharse y escuchar al otro.

Sobre todo aprendió a observar y detectar conductas y situaciones que le afectaban en lugar de juzgar. Aprendió  a conectar con la alegría y el amor a la hora de comunicarse en lugar de conectar con el miedo y la rabia. Su conclusión al final del proceso fue que mejorar su asertividad había enriquecido su vida y la de los demás.

Todas las personas tenemos la posibilidad de decidir cómo relacionarnos con los demás: Podemos escoger lo que pensamos y cómo nos expresamos. Al extraer nuestra seguridad del respeto por nosotros y por los demás, de nuestra empatía, coherencia y honestidad nos volvemos fuertes e independientes. Cuando somos asertivos lideramos nuestras relaciones y nos hacemos responsables de los resultados, de nuestros sentimientos y de nuestra vida.

 

¿Quiero mejorar mi asertividad?

¿Qué tendré que aprender para lograrlo?

 

23 de octubre 2010

Hermínia Gomà