Del miedo a la confianza

Post escrito por Hermínia Gomà en noviembre 21, 2010
Categorías del post: Coaching empresarial,General,inteligencia emocional

 confianza

Del miedo a la confianza

“El miedo mata la mente.
El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total.
Afrontaré mi miedo.
Permitiré que pase sobre mi y a través de mi.
Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino.
Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada.
Sólo estaré yo.”
Dune, letanía contra el miedo Frank Herbert. (1965)

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¿Has olido el miedo? El miedo tiene un perfume característico, huele a desconfianza y aprensión. Huele a rendición o abandono. Huele a furia para atacar o ansías para huir. Podemos oler nuestro propio miedo y el de los demás. Mil señales nos lo indican, ya sea con un temblor en nuestro gesto, inquietud en la mirada, un sudor frío, un tartamudeo en la voz, un tic poco oportuno …

¿Qué experimentamos ante el peligro? Miedo. ¿Qué situaciones pueden desencadenar esta emoción? Para cada uno de nosotros el miedo reviste tantas caras como peligros somos capaces de percibir o imaginar. Puede que la situación comporte un peligro real, pero la mayoría de las veces el peligro está en nuestro interior, en nuestra forma de pensar y entender nuestra situación presente y futura.

Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender
Marie Curie

¿A qué podemos tener miedo? Básicamente a aquellas situaciones que representen una amenaza para nosotros, real o imaginaria: miedo a perder la vida, a sufrir, al que dirán, a perder poder, a perder prestigio, al dolor, a perder un ser amado, a ser rechazados, a que descubran nuestra impostura, a perder una posesión, a perder la juventud, a perder el control, a la competencia, a la soledad, al abandono, a hacer el ridículo, al fracaso, al cambio, a perder el estatus, a ser nosotros mismos …

Hay personas con tendencia a plantearse escenarios dignos de una película de terror, llenos de peligros que probablemente nunca llegarán a suceder. Personas que tienen miedo a decidir desde la incertidumbre. Personas con creencias tan limitadoras sobre ellas mismas, que se sienten incapaces para avanzar. Personas que tienen miedo de tener miedo.

El miedo es natural en el prudente, y el vencerlo es lo valiente
Alonso Ercilla

El miedo es una emoción básica que acompaña a los seres humanos desde sus orígenes, cumpliendo una función adaptativa fundamental: sobrevivir como especie.

El miedo se activa cuando percibimos una situación como peligrosa. Percibir una situación como peligrosa dependerá de quien seamos nosotros, del entorno en que nos movamos, de los recursos que poseamos, de nuestras experiencias pasadas y de nuestras expectativas futuras.

Si el miedo cumple una función adaptativa no puede ser malo ni bueno en sí mismo. El miedo nos avisa de que ciertas condiciones han cambiado o pueden cambiar. Nos avisa cuando nuestra intuición o visión prevé un cambio de tendencia. Nos prepara para afrontar la nueva situación huyendo, protegiéndonos, defendiéndonos, atacando o paralizándonos. Todas estas respuestas pueden ser adaptativas cuando el peligro es innegable, cuando la amenaza es real.

¿Qué pasa cuando este peligro es fruto de nuestra imaginación? Que nuestra conducta es inapropiada. Tomamos decisiones equivocadas. Hacemos cosas bastante extrañas incluso para nosotros mismos. Aunque el peligro no sea real, nuestro organismo se prepara para dar la mejor respuesta adaptativa. El tálamo identifica esta información a través de dos circuitos: el rápido que es la amígdala y el lento que es el neocortex. La amígdala, envía órdenes a todo el cuerpo: el corazón bombea más oxígeno, la sangre se dirige al cerebro y a los músculos y aumenta su capacidad para coagularse, las pupilas se dilatan, algunas glándulas como las suprarrenales generarán adrenalina y noradrenalina (hormonas del estrés) y todo ello se moviliza en menos tiempo del que tarda en llegar la información al neocortex. Es decir, antes de pensar cómo responder, nuestro cuerpo ya se ha preparado de manera instintiva para reaccionar.

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Cuando el estrés persiste, los corticoides aparecen (hormonas del miedo), convenientes en pequeñas dosis, pero letales si se manifiestan de manera continuada. Un cierto estrés es provechoso para que pasemos a la acción, pero en grandes dosis y de manera continuada las personas nos colapsamos.

Desde nuestros orígenes hemos evolucionado y las emociones, concretamente el miedo, nos han permitido sobrevivir. Pero, ¿qué significa sobrevivir actualmente?

Para los padres y madres significa que sus hijos crezcan felices y preparados para tener un futuro prometedor. Para muchas personas saberse correspondidas por la persona a la que aman. Para los estudiantes aprobar los exámenes y pasar de curso. Para la mayoría de empresarios y emprendedores, que su organización supere la crisis, poder pagar a sus colaboradores y no tener que cerrar sus puertas. Para muchos profesionales que el mercado se active. Para los comerciantes que la gente entre en sus establecimientos y adquiera sus productos. Para la mayoría será seguir ganando un sueldo con el que llegar dignamente a final de mes, haciendo actividades que les permitan realizarse y trabajar en un entorno laboral estimulante.

The brave man is not the one who has no fears, he is the one who triumphs over his fers
Nelson Mandela (No es valiente quien no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo)

Las situaciones que entrañan peligro para cada uno de nosotros no son tan distintas, pero cada uno de nosotros puede decidir cómo interpretarlas, como vivirlas.

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El miedo es como un virus. Cuando tenemos miedo ante una situación es como si el resto se difuminara, no existe nada más. Nuestras capacidades se ven menguadas, no podemos pensar de manera inteligente. Cuando tenemos miedo podemos llegar a transmitirlo a los demás. Cuando un directivo habla y actúa desde el miedo, lo transmite a toda la organización, la frena y la limita.

A menudo, los padres hablan con sus hijos desde un amor-miedoso, endosándoles sus propios miedos e inseguridades y al hacerlo les transmiten que desconfían de ellos y de sus capacidades para afrontar la vida. A veces cuando advertimos a nuestros hijos, a nuestros colaboradores, creemos que lo hacemos por su bien, sin darnos cuenta de que sólo hablamos desde nuestro miedo para protegernos a nosotros mismos y no somos conscientes de que dejamos sin recursos al otro.

Nuestro amor-miedoso genera baja autoestima en nuestros hijos. Si analizamos nuestras conversaciones con ellos veremos que la mayoría son advertencias. Advertencias de cosas que para nosotros son peligrosas pero que para ellos pueden ser una novedad, una ilusión, una alegría. Les despojamos del coraje para hacerse cargo de sus circunstancias y de las consecuencias que se deriven de sus decisiones. Desde este miedo, que es nuestro y no de ellos, solamente logramos que se sientan inseguros e incomprendidos.

De la misma manera cuando dirigimos una organización hablar continuamente de nuestros miedos e inquietudes, genera inseguridad y malestar en nuestros colaboradores. Nuestro miedo puede hacer que tomemos decisiones totalmente improcedentes. Decisiones que limiten su desarrollo y la confianza en ellos mismos y en la fuerza de la organización. No podremos quejarnos si los resultados no son todo lo satisfactorios que creiamos. Seremos responsables de no prepararlos para salir a comerse el mundo.

¿Cuál es el antídoto contra el miedo? LA CONFIANZA. Actualmente estamos viviendo una gran crisis de confianza. No confiamos en poder salir de esta crisis, en que las cosas mejorarán a corto y medio plazo, y si lo hacen, igual ya no estamos para contarlo.

¿Cómo generar confianza? CONFIANDO. No hay otra manera. Confiar en que disponemos de recursos internos para afrontar la situación. Confiar en que nos estamos preparando para el futuro. Confiar que si hemos superado otras crisis ésta, también la superaremos. Confiar en que mi vecino de al lado también está haciendo lo que hay que hacer para superar esta crisis. Confiar en que puedo dar más y ser mejor. Confiar en que incluso si se dieran las peores circunstancias, aun así saldré adelante. Conectar con aquellas situaciones de mi vida en las que pensé, durante mucho tiempo, que no podría sobrevivir y lo hice. Confiar en que juntos lo lograremos. Confiar en que es importante mi aportación y animar a los que están cerca de mí a seguir adelante. Confiar en que tenemos el talento, la creatividad y la iniciativa para crear nuevas oportunidades. Confiar en que dentro de diez años seré de aquellos que contarán como superaron exitosamente esta crisis.

¿Hay otro antídoto? EL AMOR. El amor es el otro antídoto del miedo y está vinculado a la confianza. El amor como autoestima. Amarnos lo suficiente para dar lo mejor de nosotros mismos, para creer en nosotros y en nuestros talentos. El amor en todo aquello que hacemos ya que en todo lo que hacemos se imprime nuestra huella. Cuando conectamos con el amor dejamos de temer. ¿Os ha pasado alguna vez? Cuando le digo a alguien que no la veo capaz, que no creo que pueda lograrlo, estoy conectando con el miedo. En cambio, cuando le transmito que confío en ella, que sé que puede lograrlo, estoy conectando con el amor, y le doy la seguridad que necesita para confiar en ella misma. Cuando confiamos en nosotros mismos somos capaces de hacer lo imposible.

No somos conscientes de que a veces el amor hacia nuestros hijos no es un amor-confiado, es un amor miedoso. Les transmitimos nuestros miedos sin confiar en que ellos encontrarán sus propias respuestas, confiar en que para crecer deberán equivocarse. Confiar en que sus decisiones, equivocadas o no, formarán parte de su desarrollo. Confiar en que cuando lo necesiten acudirán a nosotros, a pesar de que nos gustaría que nos necesitaran para otras cuestiones. Dos responsabilidades tenemos como padres: dar raíces a nuestros hijos para que crezcan afianzados y seguros y darles alas para volar y probarse a si mismos.

¿Recuerdas si en alguna situación en la que has sentido miedo, alguien te ha apoyado, te ha dado su confianza, ha creído en ti? ¿Cómo te ha hecho sentir? ¿Cómo te has sentido cuando te han desanimado y han creído que la situación te superaba? ¿Qué crees que necesitan de ti? Si no lo sabes, pregúntales.

Podemos hacernos daño cuando no tenemos miedo (cuidado)

A veces nos hacemos daño por accidente, no podemos controlar todas las variables y en función de la información que tenemos actuamos confiadamente.

En otras ocasiones nos hacemos daño por nuestra temeridad o imprudencia. ¿Cuántas veces nos han dicho que la situación era peligrosa y no hemos hecho caso? Donde otras personas desde su experiencia nos indican que tal decisión es peligrosa, nosotros pensamos que seguramente ellos “no han sido suficientemente listos” y que a nosotros no nos pasará. Y va, y nos pasa (ojala lo pudiéramos aprender todo sin dolor). Lamentablemente no siempre sabemos aprovechar la experiencia de los demás.

Otras veces nos hacemos daño por confiar en alguien que traiciona la confianza que habíamos depositado en esa persona. Nos sentimos traicionados, dolidos y a veces “un poco estúpidos” por no habernos dado cuenta antes.

En ciertas ocasiones la necesidad de demostrar nuestra valía, de conseguir la admiración de los demás puede influir en nuestras decisiones y a pesar de que la situación pueda ser temeraria, nuestro miedo a no conseguir el amor (admiración o aprobación) de los demás (o de alguien en particular), puede ser mayor que nuestro miedo ante dicha situación.

He iniciado este artículo comentando que el miedo es una emoción imprescindible para la supervivencia humana y para finalizar me gustaría citar una frase, que ahora mismo no recuerdo donde leí que decía: sólo las personas sin imaginación no temen a la muerte.

 

Hermínia Gomà
21 Noviembre 2010