Coaching Teleológico para eliminar el hábito de postergar

Post escrito por Hermínia Gomà en diciembre 11, 2010
Categorías del post: Coaching empresarial,VALORES Y COMPETENCIAS

 

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Coaching para eliminar el hábito de postergar

 

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Postergar significa que dejamos para mañana, lo que probablemente podríamos hacer hoy. Hay personas que se encuentran muy cómodas con este hábito. Personas que ante la pregunta ¿Lo hago hoy o lo dejo para mañana? Su opción invariablemente será, “para mañana”.  Deciden desde pensamientos del estilo. “igual mañana ya no hace falta”, “puede que lo haga otra persona”,  “si realmente es necesario ya lo acabaré haciendo”. Personas que teniendo los recursos, las capacidades y la oportunidad, eligen postergar la acción que corresponda.

¿Os ha pasado alguna vez que teniendo cosas importantes que terminar, os entretenéis haciendo cosas que no aportan ningún valor ni significado a vuestras vidas o a las de los demás, cosas que en el fondo son totalmente superfluas? ¿Os ha pasado que después lamentáis haberos entretenido? ¿Qué las consecuencias se podrían haber evitado?

Casi todos, en algún momento hemos postergado ciertas decisiones, bien porque representan un esfuerzo, bien  porque no lo queremos hacer. Hacemos como aquel viajero que, encontrando un río en el camino, espera acabe de fluir toda su agua para cruzar el río. 

Por favor, piensa en alguna tarea que estás postergando desde hace tiempo: ¿representa demasiado esfuerzo? o ¿en el fondo no quieres hacerla?

Analicemos la primera hipótesis: demasiado esfuerzo. Mi creencia es que el “esfuerzo”, el “sacrificio” que requiere dicha acción “no me compensa”. En este momento creo que el beneficio es menor que el esfuerzo que implica. Cuando tenemos instaurada esta creencia el pronóstico es muy claro: No se hará. Mientras en mi fuero interno, aunque no quiera reconocerlo, exista la creencia “no vale la pena”, esta acción quedará postergada.

Analicemos la segunda hipótesis: no quiero hacerlo. Cuando no lo quiero hacer pero no puedo asumir esta verdad, me resisto. Si realmente no quiero hacerlo es que no forma parte de mis objetivos y por tanto no es necesario postergar, lo descarto de mi vida y ya está. Cuando creo que no quiero hacerlo, pero lo postergo, me estoy resistiendo. Me resisto a aceptar la realidad. En el fondo pienso “si me resisto ganaré”. Mientras en mi fuero interno, aunque no quiera reconocerlo, exista la creencia “si me resisto ganaré”, esta acción quedará postergada.

Las dos hipótesis se sustentan, cada una de ellas, en una creencia que puede ser consciente o inconsciente: “el beneficio no compensa el esfuerzo”, o “si me resisto ganaré”. Esta manera de pensar llega un momento en que se instaura como un hábito. El hábito de postergar decisiones incómodas, difíciles, pesadas, aburridas, monótonas, etc. Por muchas justificaciones y excusas que sea capaz de crear, llegará un momento que deberé aceptar la realidad y las consecuencias que comporta haber decidido postergar.

Se trata de buscar un método creativo, fácil y agradable que me permita hacer hoy lo que puedo hacer hoy. Se trata de conectar con la fuente de inspiración que me permitirá pasar a la acción. Más aún, una fuente que resulte difícil de boicotear, sabotear o desplazar.

Uno de los métodos que con los años me han sido más efectivos para superar mi hábito  a la postergación y que desde mi experiencia profesional como Coach me ha permitido acompañar a aquellas personas que querían cambiar este habito, ha sido conectar con los valores.

Uno de estos los valores es la honestidad. ¿A quién pretendo engañar? ¿Qué estoy evitando? ¿De qué tengo miedo? ¿A qué no me estoy enfrentado? Cuando somos honestos no nos autoengañamos. Podemos afrontar la realidad. Sabemos que nos estamos justificando porque tenemos miedo de no ser capaces, de fracasar, de decepcionar. Cuando nos permitimos afrontar la realidad ya no nos resistimos. Admitimos nuestro miedo y en lugar de luchar contra esta sensación de miedo la aceptamos y a pesar de tener miedo lo hacemos. La honestidad me ayuda a no postergar. Me permite pasar a la acción.

Otro de los valores es la integridad. ¿Qué necesito realmente? ¿Cuál es la respuesta más coherente para satisfacer esta necesidad? Cuando somos íntegros hacemos lo que pensamos, sentimos y decimos. Si nos proponemos hacer algo lo hacemos. Cuando nos marcamos un objetivo no nos desviamos. Cuando definimos una prioridad la convertimos en prioritaria. Desde nuestra integridad no permitimos distracciones. La integridad me ayuda a no postergar. Me permite pasar a la acción.

Otro de los valores es la libertad. ¿Qué estoy priorizando al tomar esta decisión? ¿Qué estoy evitando al tomar esta decisión? ¿A qué me estoy aferrando? Somos libres para elegir la mejor opción a corto y largo plazo. Podemos liberarnos del malestar que comporta saber que una tarea sigue pendiente por propia elección. Desde nuestra libertad podemos elegir ser la mejor versión de nosotros mismos al hacer lo correcto. La libertad me ayuda a no postergar. Me permite pasar a la acción.

Para cada uno de nosotros aquellos valores que nos definen y que nos ayudan a tomar las mejores decisiones serán nuestro punto de apoyo para movernos, para pasar a la acción, para desterrar la postergación de nuestras vidas.

 

Hermínia Gomà

11 diciembre 2010

 

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