Plantear problemas, buscar soluciones

Post escrito por Hermínia Gomà en abril 10, 2011
Categorías del post: General,VALORES Y COMPETENCIAS

 

 

Plantear problemas y buscar soluciones

 

¿Alguna vez  has tenido problemas? ¿Cómo abordas tus problemas? A lo largo de mis años de experiencia como psicóloga, escuchando problemas humanos, he observado que las estrategias necesarias para resolver problemas, que parecían muy diferentes entre si, no eran tan distintas.

Este fin de semana releía el libro Claves para la solución en terapia breve, de Steve de Shazer (1991) que fue muy importante en mi formación como psicoterapeuta en la década de los 90. Sus postulados me permiten seguir reflexionando sobre la praxis en mi actual modelo de intervención como Coach, que  me gustaría hoy, compartir con todos vosotros.

En su tesis, Shazer, apunta a la idea, apoyada por sus investigaciones de que:

“Entre dos casos cualesquiera, los procesos de solución son más análogos entre sí que los problemas que cada intervención intenta resolver”.

A menudo los clientes inician un proceso de Coaching porque consideran que tienen un problema y han intentado resolverlo una y otra vez, pero después de infructuosas pruebas, la evidencia parece confirmar, que no lo saben resolver por ellos mismos. Al iniciar el proceso, el cliente manifiesta que ya lo ha intentado todo y por tanto si hubiera alguna solución, no la conoce.

En el mismo libro, Shazer utiliza una metáfora a mi entender muy esclarecedora, compara la “queja” que plantea el cliente a la “cerradura” de la puerta que lleva al bienestar.

Observo que muchas veces, los clientes identifican la “queja” con la “solución”.  Para resolver su problema han probado de todo pero continúan tan lejos de su resolución, como al principio. Sus esfuerzos, cada vez mayores, van dirigidos a realizar cambios en la “cerradura” y por más que se esfuerzan, y esfuerzan, la puerta que los conduciría al bienestar sigue cerrada. Sin darse cuenta, el cliente ha puesto toda su energía en resolver la complejidad de la cerradura.

Metafóricamente parece obvio que para abrir una puerta con cerradura, necesitamos encontrar la llave que la abra. No necesitamos saber de qué está hecha la cerradura, ni quién la hizo, ni conocer el funcionamiento de una cerradura, ni tampoco en que lugar de la puerta se encuentra. Lo que realmente necesitamos es la llave que abra la cerradura. Sabemos que con las mismas “ganzúas”, se pueden abrir un montón de puertas distintas.

Cuando realizamos un proceso de Coaching no nos interesa profundizar en el conocimiento de la cerradura. El Coach mediante sus preguntas ayuda al cliente a buscar la llave que permitirá a su cliente abrir la cerradura. A pesar de que la cerradura, es decir, “la queja” del cliente al inicio parezca muy complicada, probablemente la llave que la abrirá será bastante sencilla. Y lo más interesante, el cliente posee la llave que encajará en su cerradura y le permitirá abrir la puerta que le lleve a su bienestar.

¿Cómo podemos ayudar a nuestro cliente? El Coaching es un proceso, mediante el cual nuestro cliente realizará los cambios que le permitarán encontrar la mejor solución para llegar a donde quiere ir. Cuando el cliente nos ha descrito dónde se encuentra y cual es su situación actual le invitamos a proyectarse en el futuro. Un futuro en el que la situación ya estará resuelta. Le ayudamos a desarrollar la visión:

Cuando hayas solucionado el problema, ¿qué futuro habrás logrado?, ¿cómo será? ¿cómo te sentirás? ¿qué habrás conseguido? ¿qué estarás haciendo? ¿qué pensarás sobre ti mismo? ¿qué habrás comprendido?

Una de nuestras funciones como Coach es ayudar a nuestro cliente a elaborar una visión realista y posible dónde él sea el protagonista, se haga dueño de su destino y lidere su vida.

Cuando ayudamos a nuestros clientes a detallar esta visión y les invitamos a experimentar lo que van a sentir cuando lleguen a su meta, les permitimos abrirse a la expectativa del cambio. Cuando nuestro cliente lleva tiempo buscando cambios en la “cerradura”, invitarle a visionar quien será y cómo actuará cuando abra la puerta, nos permitirá mantener una conversación centrada en la llave y no en la cerradura. Facilitará de manera natural mantener una conversación que le conducirá a encontrar la “llave” que abrirá la puerta del cambio, y esta llave es un cambio de paradigma. Un cambio en la manera de verse a si mismo en dicha situación y experimentar la emoción de saber que siempre puede escoger que respuesta dar.

A través de nuestras preguntas le ayudaremos a visionar un futuro mejor y focalizaremos su atención no en la “queja” sino en cómo podrá identificar que el problema ha quedado resuelto. Lo que percibirá a lo largo de nuestra conversación es que colaboramos con él para que por si mismo encuentre la llave adecuada a su cerradura personal. Para ampliar esta percepción de que estamos colaborando con él será determinante que nos centremos en aquello que ya está funcionando. Lo que ya está funcionando, por poco que sea es una “pequeña ganzúa” que le está acercando al bienestar que anhela. El cliente ya posee la llave en su interior y nuestra misión es que la identifique, para que pueda usarla siempre que quiera. ¿Qué necesita nuestro cliente para identificar la llave?

Imaginemos esta situación, un cliente nos dice que no está satisfecho de la relación con su hijo, que cada día va peor, que cuando habla con él siempre se acaban peleando, le quiere mucho pero acaba chillando y ésto le hace sentir muy mal. ¿Es necesario saber algo de su hijo? ¿Es necesario saber más de la situación? ¿Seguir investigando en la queja? ¿Necesitamos saber algo de relaciones padres e hijos para ayudar a nuestro cliente? Probablemente ninguno de estos factores sea imprescindible para que identifique la llave. Para que nuestro cliente se acerque a la solución vamos a ayudarle a visionar el futuro en el que quiere vivir. Este cliente nos plantea una queja, no tiene definido el objetivo de manera clara. Incluso no se ha planteado como sabrá identificar que ha resuelto el problema. ¿Cómo medirás el éxito? ¿Cuál es tu objetivo?. Si su objetivo es mantener una relación de cooperación con su hijo, el objetivo del proceso de Coaching no será que el cliente deje de gritar, sino que el cliente pueda decidir cuando es conveniente gritar y cuando no lo es, ya que la visión que ha relatado de cómo quiere verse después del proceso es: Me imagino manteniendo una relación de cooperación con mi hijo. El proceso de Coaching se centrará por tanto en que el cliente aprenda a cooperar con su hijo, no en dejar de gritar.

A continuación le preguntamos: ¿En que momentos ya has tenido una relación de cooperación con tu hijo? ¿Cómo te sentías? ¿Qué hacías? ¿Qué pensabas sobre vuestra relación en aquel momento? ¿Qué piensas ahora sobre esos momentos en los que cooperabas con él? Cuando nuestro cliente relata estas situaciones pretéritas, aunque lejanas, ser hinchas de nuestro cliente será fácil. Felicitarlo y celebrarlo con él surgirá de manera espontánea. Si ya lo ha hecho, no se trata de aprender algo nuevo, se trata de recordar y tener presente que el cambio que se desea es posible.

Centrar a nuestro cliene en un futuro donde la «queja» ha desaparecido, será clave para el éxito del proceso. Cuando enfocamos así el proceso, nuestro cliente percibe que creemos en él, empieza a confiar en sí mismo y en que el cambio será posible. El cliente empieza a vislumbrar que la solución a su problema está cerca.

¿De qué supuestos partimos como Coachs? De qué nuestro cliente posee la llave que abrirá la cerradura de la puerta que le llevará al bienestar. De que si nuestro cliente sabe a dónde quiere ir, encontrará el camino para llegar y nuestra función es acompañarle.

Cuando nuestro cliente elaboró su “cerradura” es como si se hubiera dicho a si mismo: “grito” o “no grito”. Parece que en la mayoría de casos, nuestro cliente había elegido, últimamente la primera opción. La que consideraba en ese momento cómo la mejor opción, excluyendo la opción de “no grito”. Cuando el cliente decide que la mejor opción es gritar (la cerradura) empieza a buscar la solución: ¿Cómo dejar de gritar?. Cuando inicia el proceso, lo que ha probado son infructuosas estrategias para producir cambios en la cerradura, pero no se le ha ocurrido buscar la llave que abrirá la puerta. Y prueba una y otra vez cambios en la cerradura. Probablemente la queja se haya originado por el hecho de plantear la situación en términos de alternativas.

Considero que esta “creencia limitadora” es el origen del problema. Y que como decía Einstein, los problemas no pueden solucionarse al mismo nivel que se han creado.

Al pedirle a nuestro cliente que visione el futuro y que conecte con situaciones de éxito dónde ya ha vivido quien quiere ser en el futuro, su nivel de elección ya no pasa por “hacer o no hacer” (gritar o no gritar) pasa por ser quien quiere ser (colaborador). Su elección pasa por sus principios, por sus valores y por ser consciente de que siempre puede ser quien quiera ser si la meta está clara (la llave a su cerradura).

Una consideración. Algunas veces, a pesar de haber encontrado la llave, puede ser que las visagras de la puerta estén oxidadas por el paso del tiempo y el entorno de la puerta. En estos casos, no se trata de que la llave no sea la correcta, sino de que el cliente tendrá que practicar un poco (poner aceite en las visagras), para poder abrir la puerta facilmente, siempre que quiera.

¿Cuántas situaciones personales, siendo distintas a la expuesta, nos resuenan? ¿Cuántas veces hemos buscado soluciones en la cerradura, en lugar de buscar la llave?

Os animo a buscar vuestra llave y a ayudar a vuestros clientes a buscar la suya, en lugar de entreteneros en las cerraduras, así, la puerta que lleva a vuestro bienestar se abrirá para vosotros.

Hermínia Gomà

10 abril 2011