¡Tú eliges!

Post escrito por Hermínia Gomà en octubre 23, 2011
Categorías del post: COACHING,inteligencia emocional,VALORES Y COMPETENCIAS

 

 

¡Tú eliges!

 
Querría compartir una anécdota que le ocurrió hace tiempo a mi amigo Marcos. Cierto día quedó con su amigo Juan para ir a tomar un café y conversar. Al llegar al bar, Juan saludó cordialmente al camarero y le pidió que les trajera dos cafés. El camarero, les trató con brusquedad y malhumor. Cuando les sirvió los cafés los dejó de mala manera en la mesa. Juan, no obstante, sonrió y amablemente le dio las gracias. Después de abonar la consumición, al irse del local Juan le deseó al camarero que pasara un buen día. Al salir, mientras paseaban, Marcos le dijo:
–          Por cierto… ¿este camarero siempre te trata de esta manera?
–          Desgraciadamente, así es.
–          Y tú, ¿siempre te muestras de manera tan cortés con él?
–          Sí, así es.
–          Y ¿me quieres decir para qué eres tan amable si él no lo es contigo?
–          Sencillamente, para que no sea él quien decida como he de comportarme yo.

 

Cuantas veces damos el poder a los demás! Y nos parece justo! Si tú me tratas de esta manera, yo, a pesar de ser una persona habitualmente amable, renuncio en este momento a mi esencia, a quién más me gusta ser, para hacer algo que me convierte en un desconocido, incluso para mí mismo. Me convierto en alguien que “no es amable”. ¿De dónde nace esa rabia, esa necesidad de devolver la ofensa? De nuestra vulnerabilidad, de nuestro ego. Nuestro “ego” reacciona a lo que percibe como un ataque y contraatacamos o nos defendemos. Le damos el poder al otro para que dicte como hemos de sentirnos, como hemos de actuar, quien hemos de ser.

Las personas tenemos el hábito de otorgar una intencionalidad a las conductas que los demás realizan. A veces el otro nos da pena: “pobre debe encontrarse mal y por eso está malhumorado”. En otros casos nos puede mover el miedo: “nunca más volveré aquí,  me da miedo su actitud”. En ciertas ocasiones la conducta del otro la juzgamos como algo personal hacia nosotros: “me ha tratado mal”, donde interpretamos lo que hace el otro como si estuviéramos en su punto de mira y sus conductas fueran “para fastidiarnos”. Nos sentimos agredidos y reaccionamos ante la injusticia que el otro ha cometido “contra” nosotros.

Madurar emocionalmente implica identificar la conducta del “otro” como algo que forma parte del “otro”, de su manera de estar en el mundo, de sus frustraciones, de su dolor, de que no sabe estar de otro modo…y que nuestra respuesta no tiene que depender de lo que el otro haga o deje de hacer. ¡Siempre podemos elegir!

Para elegir es fundamental que seamos concientes de que tenemos más de una opción, como mínimo siempre tenemos dos opciones: puedo imitar la elección del otro o puedo ser original y escoger la mia. 

¿Qué quiero elegir?

¿Quién seré si me permito escoger? 

¿Para qué elegiré esa respuesta? 

¿Quiero seguir dando el poder a los demás para que decidan cómo  debo comportarme?

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Hermínia Gomà
23 octubre 2011
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