El valor ético de la continuidad en líderes políticos y empresariales

Post escrito por Hermínia Gomà en mayo 29, 2012
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El valor ético de la continuidad

en líderes políticos y empresariales

 

 

El 24 de mayo, leía en La Contra de La Vanguardia, como muchos de vosotros, la entrevista que Lluís Amiguet realizaba a Maodong Chen, “Don Pin, empresario chino afianzado en España. Al final de dicha entrevista, este empresario decía: “Me gustaría que en España tuvieran la continuidad de China en los grandes proyectos”.  A lo que Minguet le preguntó: ¿En qué sentido?. Su respuesta fue contundente: “Aquí cada gobierno intenta deshacer lo que ha hecho el anterior: bueno o malo, sólo porque no lo han hecho ellos”.

Este empresario plasmaba lo que numerosos ciudadanos llevamos muchos años cuestionándonos. ¿Qué repercusiones tiene la falta de continuidad de ciertos proyectos empresariales, sociales y políticos para toda la sociedad?

Estos días estaba leyendo el libro Animaladas, de Enrique de Mora, al que considero un gran ensayista y hábil comunicador, cuando me encuentro con la siguiente explicación en la pagina 32: “ Un buen ejemplo, que desde luego sería difícil de encajar con la idea del bien de la especie, es lo que ocurre cuando los leones machos se apoderan de una manada. Los jóvenes leones macho intentan arrebatar las manadas a los machos dominantes. Si tienen éxito, los nuevos machos matan a los cachorros engendrados por los anteriores machos, lo que hace a las hembras receptivas y conduce a que engendren cachorros con los nuevos machos. Este infanticidio puede entenderse como ventajoso para el individuo, aunque desde luego no lo es para el grupo ni para la especie”.

Al leer la explicación de este comportamiento “animal” he podido entender el determinismo al que están abocados ciertos políticos. Una reacción de su “gen egoísta” que los impulsa a actuar como estos “jóvenes machos leones”, que en lugar de conectar con el valor de la continuidad para el bien de la sociedad y su sostenibilidad, anteponen su “ego” al bienestar de la ciudadanía con la que se han comprometido al ser elegidos para gobernar desde los organismos que representan.

Necesitamos líderes que gobiernen nuestras instituciones y organizaciones con una clara vocación ética, y uno de los valores del liderazgo es la humildad para continuar lo que otros crearon o iniciaron.

Las consecuencias de no tener en cuanta el valor de la continuidad también afecta a las personas que llevan a cabo dichos proyectos. Lo pude comprobar a lo largo de mi experiencia en los doce años en que trabajé como funcionaria pública, en el Departamento de Educación del Ayuntamiento de Barcelona. Desde hace más de una década en la que pedí la excedencia, contribuyo como colaboradora externa a través de programas formativos para el personal interno en diversos entes de la Administración (Ayuntamientos, Diputaciones, Departamentos de la Generalitat, Consells Comarcals..). Y desde esta colaboración, en muchas ocasiones escucho el malestar, desconcierto y estupor de muchos funcionarios públicos ante la clausura de ciertos proyectos, sin previo aviso y sin ninguna explicación para aquellos técnicos que han aportado talento, pasión, experiencia, tiempo y energía en proyectos en los que creían y empezaban a dar sus frutos. Un cambio legislativo o de director puede conllevar que desde el desconocimiento de la labor y resultados obtenidos se finiquiten proyectos importantes para los ciudadanos. En estos casos los colaboradores implicados, que saben el coste real de los recursos empleados, pierden la motivación y lo que es peor, la confianza en la clase política que los dirige. ¿Qué repercusiones tiene para los técnicos que trabajan en las Administraciones la falta de continuidad?

Algunos políticos además de no conocer el valor de la continuidad pueden asimismo, carecer de los conocimientos técnicos necesarios para poder valorar correctamente sus decisiones. A mi entender, las personas que han de tomar decisiones que van a afectar a la sociedad, primero deberían conocer a fondo el departamento, la historia y las personas a las que van a dirigir y liderar. En segundo lugar analizar los proyectos en curso para saber exactamente lo que es importante a largo plazo para el conjunto de la sociedad, escuchando a las personas que realmente conocen el alcance y significado de dichos proyectos y finalmente, desde este análisis responsable y profundo tomar las decisiones correctas. Obviamente, no podemos generalizar, hay personas con cargos políticos que son concientes de la importancia de conocer a fondo los proyectos en curso y valoran su continuidad.

No sólo en la clase política podemos encontrar a estos “jóvenes machos leones”. También los podemos encontrar en las empresas. Antes de trabajar como funcionaria, durante 5 años fui empleada de en una multinacional con sede en Alemania. A lo largo de esos 5 años tuvimos tres gerentes y cada uno de ellos descartó el proyecto que el anterior había elaborado y lo peor, a personas implicadas, que podrían haberles aportado la continuidad, la experiencia y saber que la empresa necesitaba.

El liderazgo ya sea político o empresarial ha de ser profesional y ético y ha de continuar aquellos proyectos con sentido que otros iniciaron y lo más importante, contar con las personas que los están ejecutando y que creen en ellos.

Otros factores pueden incidir en la falta de continuidad de ciertos proyectos cuando se incorpora un nuevo directivo o cargo político: la negligencia. La de aquellos líderes políticos o directivos empresariales que saben lo que se ha de hacer, saben cómo hacerlo, tienen los recursos humanos y económicos para llevarlo a cabo y en cambio no lo hacen. Por miedo, por desidia, por egoísmo, por envidia o por codicia. ¿Qué valores rigen las decisiones de estos políticos y de estos directivos?

Quisiera añadir a estas reflexiones y cuestionamientos una conclusión clave para afrontar nuestra situación actual y venidera (sobre todo venidera). Una conclusión que compartí con los asistentes a la conferencia inaugural del II Congreso Nacional de Coaching y Liderazgo:

 

Si liderar es hacer que las cosas sucedan,

Liderar éticamente es hacer que sucedan las cosas correctas

 

En muchos casos, la continuidad, desde el reconocimiento por la labor realizada, el agradecimiento por haber impulsado con anterioridad el proyecto y la humildad para asumir el papel de continuadores será decisivo para que sucedan las cosas correctas, las que precisan una mirada visionaria que vaya más allá de las próximas votaciones, más allá de los beneficios a corto plazo.

Para mí, ejerce un liderazgo ético aquella persona que toma las decisiones con una clara visión de futuro, para su organización, para su nación y para las generaciones futuras.

¿Lideras éticamente?

¿Haces que sucedan las cosas correctas?

¿Qué futuro quieres crear?

 

Hermínia Gomà
28 mayo 2012