El conocimiento de la naturaleza humana: PROFUNDIZAR (I)

Post escrito por Hermínia Gomà en enero 13, 2013
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(I) El conocimiento de la naturaleza humana:
PROFUNDIZAR

Este año, los profesionales del Institut Gomà nos hemos marcado un reto intelectual y experiencial: “Desarrollar y profundizar en nuestra praxis los verbos que nos definen”. Un proyecto que nos inspira para seguir avanzando y creciendo como equipo de profesionales. El primer verbo que nos define es: PROFUNDIZAR. Quiero compartir esta andadura con aquellos lectores de este blog, aquellos de vosotros que también queráis seguir progresando en el conocimiento de la naturaleza humana

En este artículo me gustaría plasmar mi humilde reflexión que se verá tremendamente enriquecida con la aportación de todos los miembros del equipo y de todos vosotros. Si estáis interesados en colaborar, quedáis invitados; vuestros comentarios serán muy apreciados

¿Cómo entiendes y vives el verbo PROFUNDIZAR?
¿Qué acciones realizas para profundizar?

Para conocer al ser humano tenemos que profundizar en su naturaleza. Y no siempre lo que encontraremos nos va a gustar. El ser humano está lleno de contrariedades, incoherencias, defectos y virtudes, pequeñez y grandeza. En definitiva: humanidades.

¿Somos capaces de ir más allá de lo obvio? ¿Podemos traspasar las barreras de los muros de protección que cada uno de nosotros elevamos a nuestro alrededor? ¿Podemos internarnos y penetrar estas barreras? ¿Realmente nos conocemos?

Profundizar implica llegar al fondo, traspasar fronteras, investigar, dar solidez y enriquecer nuestro propio autoconocimiento. ¿Para qué ahondar en nuestro interior? En primer lugar para poder ordenar y simplificar nuestra vida, para internarnos en nuestro propio autoconocimiento, para ser más honestos con nosotros mismos y fieles a nuestra esencia, para curar nuestras heridas o encontrar la serenidad que necesitamos en momentos de oscuridad.  Profundizar es una de las opciones que nos pueden guiar cuando estamos abiertos a la búsqueda y el encuentro con nosotros mismos. El proceso de autoconocimiento, no es sencillo ni breve, requiere de una predisposición y actitud determinadas. Atrevernos a profundizar en nosotros mismos requiere coraje, determinación y valentía.

Al profundizar en nuestro autoconocimiento fluimos, ganamos madurez, flexibilidad, conciencia y podemos asumir nuestro propio liderazgo, la responsabilidad sobre nuestras vidas y vivir una existencia más libre, congruente, plena y autorrealizada.

El diálogo será el punto de partida. Primeramente un diálogo interior desde el respeto y el amor hacia uno mismo. Recuerdo que cuando era pequeña aprendí a realizar cada noche “examen de conciencia”, un hábito poco frecuente en nuestros días. Este examen de consciencia es una reflexión de las acciones, decisiones, sentimientos que a lo largo del día hemos vivido. Aprendí este habito con una clara finalidad: “Mejorar cada día”. Curiosamente este hábito, en lugar de mortificarme o hacerme sentir culpable, lo que me inspira, todavía ahora, es a superarme y a dar sentido a mi vida.

Esta práctica del “examen de consciencia” ya Epicuro la practicaba e instaba a otros a servirse de ella para profundizar en sus creencias inconscientes y que corrigieran aquellos errores que eran capaces de detectar. Asimismo, Séneca antes de acostarse analizaba cual había sido su comportamiento. En la religión cristiana es una  práctica habitual.  Este hábito se sustenta en una visión existencial de la vida, fundamentada en principios éticos y nos permite perfeccionar nuestra capacidad de introspección, fundamental para darnos un espacio de reflexión y aumentar nuestra conciencia. Desde esta reflexión y dialogo interior podemos avanzar, progresar y ser la mejor versión de nosotros mismos.

Desde este diálogo interior podemos colaborar y acompañar a otras personas para que se conozcan en profundidad y puedan ordenar aquellos aspectos que les permitan vivir una vida feliz, plena y con sentido. Desde este diálogo interior podemos encontrar serenidad y aprender a dialogar con los demás para que hallen su propio camino en el descubrimiento de ellos mismos.

Este diálogo interior precisa de un contexto de paz, relax y silencio, de una predisposición a comprendernos sin juzgarnos, a construir desde la confianza y la esperanza, a mantener una actitud de eternos aprendices. Desde estos lugares lograremos hacer más profundo algo que ya lo era: conocernos.

Cada vez hay más personas que necesitan profundizar en su interior, que desean abordar sus problemas desde otras perspectivas, que quieren reflexionar sobre ellas mismas y las relaciones que establecen con los demás y sobre todo, que quieren aprender a aplicar y ampliar los conocimientos que han adquirido. Que ansían penetrar el su propio autoconocimiento.

Cómo otros profesionales que pertenecen al ámbito de las ciencias humanistas, el epicentro de mi interés e intervención son las personas y sus interacciones y mi praxis se sustenta en la ética. Cómo Coach y psicóloga acompaño a otras personas a lugares tremendamente íntimos y profundos, sentimientos, conflictos, preocupaciones, debilidades e insatisfacciones desde el respeto y la comprensión pero también desde unos principios éticos. Unos principios que me comprometen con el estudio profundo de la naturaleza humana, con una sólida formación humanística, con una clara conciencia de mi rol y que me invitan a profundas reflexiones sobre los principios que rigen mis conductas y decisiones.

Para acompañar a alguien en su proceso, nuestros conocimientos profesionales han de centrarse en esa persona, ayudarla a reflexionar sobre sus decisiones, conductas, sentimientos y valores, sus creencias, sus competencias y sus aspiraciones y sueños y también en aquellas áreas en las que quiere centrar su aprendizaje y superación. Como profesionales vamos a generar un espacio de confianza y respeto, a través de nuestras preguntas y feedbacks facilitaremos su reflexión, pero hemos de tener siempre presente que es el cliente, el paciente, el alumno quien ha de llegar a su autoconocimiento. Nuestra responsabilidad es acompañarlo de tal manera que pueda ir más hondo y al mismo tiempo más alto, desde lo abstracto a lo concreto y todo ello desde unos principios que den sentido a su vida.

En el proceso de conocer la naturaleza humana, conocernos a nosotros mismos no es suficiente. Acompañar a otras personas en su propio autodescubrimiento requiere, por nuestra parte, que tengamos presente los diversos niveles o barreras que deberemos atravesar y que como profesionales deberemos tener en cuenta:

Sea cual sea el motivo que ha llevado a nuestros clientes, pacientes o alumnos a profundizar en su autoconocimiento, deberá en algún momento del proceso atravesar estas barreras y será a través del diálogo que mantendremos que podrá dialogar consigo mismo desde otros lugares distintos que le permitirán ir más allá en sus reflexiones. Cuando este diálogo interno fluye, gana madurez, flexibilidad, conciencia y puede asumir su propio liderazgo, la responsabilidad sobre su vida y finalmente goza de mayor libertad para vivir una existencia congruente, plena y autorrealizada.

Pero también hay otra área en la que profundizar se hace imprescindible: explorar los marcos teóricos o paradigmas en los que se sustentan nuestras vidas. Profundizar es reflexionar desde una perspectiva panorámica y sumergirnos en el pozo de nuestras creencias más profundas. ¿Cuáles son los valores que me guían? ¿Hacia dónde dirijo mis pasos? ¿Qué da sentido a mi existencia? Para ello, hay una ley que rige la naturaleza humana y de la que no podemos zafarnos: “el libre albedrío”. Las personas podemos elegir y esto comporta una gran responsabilidad. ¿Somos realmente conscientes de que podemos elegir? Muchas veces en consulta, o en clase escucho el sufrimiento que conlleva para muchas personas es desconocimiento de esta ley humana: podemos elegir cómo vivir nuestra vida. No estamos anclados, el océano es casi infinito. Cómo decía Pico de la Mirandola: “El hombre a recibido el regalo de poder escoger su naturaleza, de elegir ser un dios o una bestia”. Este ámbito de elección compite a la ética, la distinción entre lo correcto y lo que no lo es, lo que da sentido a nuestras vidas y lo que se lo quita.

Para acompañar a alguien en su proceso, nuestros conocimientos profesionales han de centrarse en esa persona, ayudarla a reflexionar sobre sus decisiones, conductas, sentimientos y valores, sus creencias, sus competencias y sus aspiraciones y sueños y también en aquellas áreas en las que quiere centrar su aprendizaje y superación. Como profesionales vamos a generar un espacio de confianza y respeto, a través de nuestras preguntas y feedbacks facilitaremos su reflexión, pero hemos de tener siempre presente que es el cliente, el paciente, el alumno quien ha de llegar a su autoconocimiento. Nuestra responsabilidad es acompañarlo de tal manera que pueda ir más hondo y al mismo tiempo más alto, desde lo abstracto a lo concreto y todo ello desde unos principios que den sentido a su vida.

En el proceso de conocer la naturaleza humana, conocernos a nosotros mismos no es suficiente. Acompañar a otras personas en su propio autodescubrimiento requiere, por nuestra parte, que tengamos presente los diversos niveles o barreras que deberemos atravesar y que como profesionales deberemos tener en cuenta:

  1. El miedo, que puede adoptar diversas facetas: pudor, suficiencia, negación, evitación, orgullo, vergüenza, modestia o sencillamente un gran desconocimiento de uno mismo. Reconocer las cualidades, los errores, las debilidades no es fácil. Se requiere de un contexto de confianza muy importante para que otro ser humano se abra a la escucha y acompañamiento que un profesional puede brindarle en este camino de profundización.
  2. La toma de conciencia, insight o la capacidad de “darse cuenta”, que hace referencia a la comprensión de uno mismo, de lo que hacemos, pensamos, sentimos, proyectamos, reaccionamos. Esta capacidad es muy importante ya que es la responsable de que nos podamos comprender a nosotros mismos, de establecer conexiones entre nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro corazón y nuestro espíritu.
  3. El cambio de paradigma, entre lo que somos y lo que queremos llegar a ser. Unas cosa es saber lo que nos gusta, lo que queremos lograr y otra incorporar este conocimiento a la praxis real y cotidiana. Reconocer lo que podemos ser y saber serlo requiere de un cambio de paradigma, de un cambio de enfoque, de observarnos desde otro punto que nos permita pasar del conocimiento a la acción.

Sea cual sea el motivo que ha llevado a nuestros clientes, pacientes o alumnos a profundizar en su autoconocimiento, deberá en algún momento del proceso atravesar estas barreras y será a través del diálogo que mantendremos que podrá dialogar consigo mismo desde otros lugares distintos que le permitirán ir más allá en sus reflexiones. Cuando este diálogo interno fluye, gana madurez, flexibilidad, conciencia y puede asumir su propio liderazgo, la responsabilidad sobre su vida y finalmente goza de mayor libertad para vivir una existencia congruente, plena y autorrealizada.

Cómo he dicho al inicio de este artículo, esta es mi primera aproximación al gran reto que nos hemos propuesto los miembros del equipo de profesionales del Institut Gomà. Espero con mucha ilusión enriquecernos con las aportaciones de los demás colaboradores y también, como no, con vuestras provechosas e interesantes contribuciones.

Hermínia Gomà
13 de enero 2013
Barcelona

 

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