¿Escuchamos realmente a los demás?

Post escrito por Hermínia Gomà en enero 30, 2013
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¿Escuchamos realmente a los demás?

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Escuchar no es fácil. Cuesta un esfuerzo. En este artículo me gustaría explorar con todos vosotros un aspecto particular de la escucha. Aquellas ocasiones en que la dificultad proviene de nuestras propias creencias y expectativas preconcebidas. La construcción que hemos hecho de la persona que nos está hablando influye en gran medida en la calidad de nuestra escucha.

Desde que nacemos vamos construyendo vínculos y relaciones con los demás. A la vez que generamos ciertas expectativas. En cada interacción almacenamos recuerdos que van a ir configurando la imagen que tenemos de nosotros mismos, de los demás y de la relación que entre nosotros hemos creado. Según la teoría psicológica de las relaciones de objeto, esta imagen interna que tenemos de nosotros mismos y de los demás afectará a nuestra escucha. Esta teoría, al hablar de “objeto” hace referencia no a la persona que tenemos delante sino a la “imagen mental” que hemos construido del otro como objeto de nuestras acciones. Es decir, cuando me relaciono con alguien no solo me relaciono con la persona sino con la imagen interna que he hecho de esa persona, de mí con esa persona y de nuestra interacción.

En el fondo el mensaje de las relaciones de objeto es que cuando hoy te estoy escuchando, mi escucha se fundamenta en las expectativas que he generado a partir de nuestras experiencias anteriores. No es tarea fácil deshacernos de los “prejuicios” que hemos ido construyendo.

Tenemos la sensación de estar escuchando a la persona que tenemos “delante”, pero filtramos lo que nos está diciendo en función de lo que esperamos de esa persona, de cómo nos fue la última vez que nos relacionamos, etc… Si la última vez que hablamos sentí comodidad, si creo que simpatizamos y tenemos puntos en común, mi escucha será más confiada. Si en nuestros anteriores encuentros me asusté, me sentí amenazado o debilitado, me cerraré y no podré escucharte.

Cuando hemos construido una imagen interna determinada sobre alguien, a pesar de que esa persona haya evolucionado y cambiado, puede que la estemos escuchando, no como la persona que es actualmente sino cómo la persona que recordamos de experiencias pasadas. Por ese motivo, cuando nosotros crecemos y cambiamos positivamente, los demás tardan mucho en ver estos cambios, ya que la imagen que tienen de nosotros aún no ha cambiado y no pueden escuchar a la persona que somos ahora.

Hace un par de semanas una conocida, a la que llamaré Susana, me comentaba una situación que había vivido recientemente. Resulta que su jefe le pidió un cambio que implicaba no tener en cuenta su dedicación, su trabajo y su aportación.  Después de meditarlo seriamente y haberse relajado, pidió a su jefe una reunión para hablar de la situación. Quedaron a media tarde y Susana se presentó en su despacho. Cuál no sería su sorpresa cuando  le comentaron que se había tenido que ir a una reunión urgente y que la llamaría para una nueva cita. Después de tres semanas por fin se encontraron. De manera tranquila, Susana le expuso que este cambio comportaba un perjuicio para sus clientes. En lugar de escuchar, su jefe, que ya había tomado la decisión se puso a la defensiva y le comentó con ironía si los clientes eran “suyos”. Susana salió de la reunión dolida y decepcionada. Cuando llegó a casa quiso explicarle a su marido lo que había pasado. Mientras lo hacía su pareja la interrumpió: ¿qué dijiste para que tu jefe se pusiera de esa manera? Susana se quedó paralizada, en lugar de recibir apoyo, su pareja la estaba culpando a ella del resultado de la reunión. Susana me comentó que en muchas ocasiones siente que su pareja no sabe escucharla.

Unos días más tarde me encontré con la pareja de Susana. Me comentaba que a veces tiene problemas a la hora de comunicarse con ella. Susana siempre quiere hablar de ella misma pero parece que no esté interesada por los temas que a él le preocupan. Pero lo que más le molesta es que siempre se está quejando. Siempre tiene encontronazos con la gente, la culpa siempre la tienen los demás. Yo siempre la escuchaba, es mi esposa, pero ha llegado un momento que me resulta muy difícil escucharla.

A veces es difícil escuchar a personas cuando nos hemos construido una imagen determinada de ellas. Escuchar a personas que están a la defensiva o que se victimizan continuamente, requiere dosis de madurez, de equilibrio y de serenidad muy grandes. ¿Podemos ir más allá de la imagen que tenemos de las personas y escuchar su dolor, su preocupación, sus miedos, sus necesidades? ¿Podemos ofrecer una escucha auténtica? ¿Una escucha desde el presente sin acumulaciones del pasado?

En mi práctica profesional escucho a menudo la “queja” de los abuelos porque sus hijos no les escuchan. Cuando los abuelos dan consejos, los padres jóvenes sienten que se están  entrometiendo en el cuidado de sus hijos. Por las propias inseguridades que les genera su rol de padres, están a la defensiva cuando los abuelos les sugieren o les indican lo que deberían hacer. Los abuelos no son escuchados, no por ser mayores sino porque los hijos interpretan o sienten que si escucharan y se dejaran influir, su rol y autoridad se podrían ver amenazados. Si los abuelos pudiesen comprender las inseguridades de los jóvenes padres y las tuvieran en cuenta serían escuchados. ¡Cuántas veces tratamos a los demás como personas más fuertes y seguras de lo que realmente son y lo que conseguimos es que se sientan amenazados y se cierren a la escucha! ¡Cuántas veces dejamos de escuchar porque interpretamos cómo una amenaza a nuestra identidad los consejos o advertencias de otras personas!

¿Cómo escuchas cuando te señalan un error? Algunas personas son muy sensibles ante la posibilidad de equivocarse, de cometer un error. Por ese motivo pueden reaccionar atacando o inhibiéndose. Es, en sus relaciones familiares, donde podemos encontrar el núcleo de esta reactividad. Todos los bebés necesitan atención. ¿Cómo recibías atención cuando eras pequeño? ¿Recibías atención si te portabas bien, si eras bueno, si te enfadabas, si gritabas, si te callabas? Piénsalo detenidamente y busca qué relación existe entre tu reactividad actual cuando te señalan un error y la manera en que recibías atención cuando eras pequeño.

Podemos presuponer que el otro es más fuerte o débil de lo que realmente es, está preocupado o no, tiene opiniones acertadas o no, tiene ciertas necesidades o va “sobrado”, etc… Desgraciadamente poseemos más “imágenes internas de los demás” de lo que creemos y esto nos impide poderlos legitimar y escuchar verdaderamente. Si yo presupongo que tú eres muy fuerte y no contemplo tu vulnerabilidad puedo dejar de escuchar tu miedo y exigir algo que no puedes ofrecer desde tus inseguridades. Por el contrario puedo presuponer que eres débil y no escuchar tu fortaleza y tratarte de tal manera que te sientas humillado.

En algunas ocasiones nuestras imágenes internas tienen que ver con prejuicios culturales y sociales relacionados con factores externos, que pueden influir sin que seamos conscientes de ellos: la forma en que viste el interlocutor, su sexo, su profesión, su rol, su nivel económico o cultural, su nacionalidad, etc. Todos creemos que no tenemos prejuicios. No siempre es cierto. En el fondo no identificamos al otro desde quien realmente es, lo hacemos partiendo de la imagen que hemos construido de “como son las personas que visten, hacen, son…”

Otra de las “imágenes internas” que nos dificultan escuchar es  cuando hemos generado la expectativa de que escuchar a esa persona nos cuesta mucho esfuerzo y ya ni empezaremos a escuchar. Podemos prestar atención pero realmente no estaremos escuchando. Hay personas que hablan dando rodeos, que saltan de un tema a otro, que son oscuras en su forma de hablar, que no concretan, que sacan temas poco pertinentes, etc. En un principio intentamos comprender y seguir escuchando pero puede llegar el momento en que hemos de invertir tanta atención y energía que no lo podemos mantener en el tiempo. Dejamos de escuchar. Nuestra impaciencia puede jugarnos una mala pasada. En el fondo esperamos que el otro llegue a un sitio que conozcamos o vaya por un camino que nos parece el correcto, hemos construido una imagen de “cómo ha de ser una conversación productiva”. Realmente es difícil escuchar conectados con el miedo que subyace a la impaciencia. Anticipamos nuestra impaciencia y nos quedamos pegados a ella lo que nos impide escuchar genuinamente al otro. Escucharlo desde las personas confiadas, empáticas y confiadas que somos es un logro que podemos conseguir si trabajamos en nuestro autoconocimiento y escuchamos desde la generosidad, la equidad y el amor.

¿Desde dónde estás escuchado a tu pareja? ¿Qué imagen has construido que te impide escucharla realmente?

¿Desde dónde estás escuchado a tus hijos? ¿Qué imagen has construido de ellos que te impide escucharlos realmente?

¿Desde dónde estás escuchado a tus colaboradores? ¿Qué imagen has construido que te impide escucharlos realmente?

Y para finalizar, ¿desde dónde te estás escuchado a ti mismo? ¿Qué imagen has construido que te impide escucharte realmente?

Hermínia Gomà
30 enero 2013
Barcelona

 

 

 

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Comentarios del post

Gracias, Hermínia. Me ha gustado mucho el análisis tan detallado que haces de las dificultades que podemos encontrarnos para ofrecer una escucha de auténtica calidad.
Haces referencia a muchas situaciones en las que realmente me siento reflejada y te lo agradezco porque me resulta muy útil tenerlas tan claramente descritas para trabajarlas.
Por ejemplo, me siento identificada en lo que dices respecto a la dificultad de escuchar a personas de las que pienso que me cuesta mucho esfuerzo escuchar. Por su tono de voz, por su ritmo, por la forma en que parece dar rodeos sin llegar a ningún sitio… Realmente me incomoda, es como si mi cabeza me dijera: <> o <>.
Me parece muy importante ser consciente de ello y en el momento que lo detecte poder conectar con algo más poderoso que me permita mantener la escucha. Este algo más poderoso puede ser, como dices, la empatía, la confianza, el amor o la generosidad.
A seguir practicando! 🙂

#1 
Escrito por Elena R. Laguna en enero 30th, 2013 @ 12:34

Me ha encantado, Herminia. Acabo de suscribirme a tu blog 🙂
Gracias por compartir

#2 
Escrito por Edita Olaizola en enero 30th, 2013 @ 12:34

Creo que falta un fragmento de mi comentario, quería decir que es como si mi cabeza me dijera: «Uff, quizá diga algo interesante, pero tarda tanto en llegar al meollo…» o «No merece la pena escuchar, no va a decir nada interesante…»

#3 
Escrito por Elena R. Laguna en enero 30th, 2013 @ 12:38

Hahahahaha… M’has tornat a enganxar!!!

Sabia que tinc dificultats per escoltar perquè tinc prejudicis i etiqueto a la gent (tot i concentrar-me per no fer-ho…), però m’has sorprès quan has plantejat que també tenim la imatge interna de com s’ha de desenvolupar una conversa. I, sí! Aquesta també la tinc i no n’era conscient! I és un aspecte que em fa enfadar, doncs jo pressuposo quines normes s’han de reunir per tenir una conversa de qualitat, prescindint de les de l’altra persona… i quan no se’m compleixen, responsabilitzo a l’altre de no seguir un protocol (per a mi) universal!! Recoi!!!

Gràcies, Hermínia… m’ha sortit la targeta «sigue jugando»!!!

😉

PD: No cal comentar des d’on m’escolto a mi mateixa! Això ho deixen per quan passi de curs!!!

#4 
Escrito por ROSER CIVIT en enero 30th, 2013 @ 13:47

Me ha encantado este post Herminia.
Que gran verdad es que estamos día a día a aportando pequeños granitos de arena a la montaña que vemos de cada persona. Pequeños granitos de arena de » cosecha propia», con todos nuestros prejuicios, muchos de ellos, desgraciadamente culturales , tan arraigados en nuestra personalidad.
Por mi parte es una lucha que llevo desde hace un tiempo, humildemente, lo he hecho con mucha gente, y también lo he sufrido, y sufro , y realmente estoy sensibilizada porque estoy viviendo un gran cambio.
Esto me esta ayudando a dejar a un lado » las etiquetas sociales» que no conducen a nada, nos quedamos con unas ideas e información que no corresponden , en muchas ocasiones, con la realidad, y es una verdadera pérdida de valor en nuestras relaciones personales.

Como futura Coach, saber escuchar es fundamental, como hemos hablado ya en muchas ocasiones, es una competencia clave , que afortunadamente, ya hasta los conocedores de la materia, nos han dado la alegría de que se trata de una COMPETENCIA DESARROLLABLE. Así que trabajemos el autoconocimiento, dejemos a un lado la impaciencia y escuchemos a los que queremos ( y a los quelo necesiten ).

Gracias Herminia!

#5 
Escrito por Laura Bravo en enero 30th, 2013 @ 13:48

Como nos cuesta dejar de querer cambiar la realidad … es tan sencillo y nos lo hacemos tan complicado que nos cuesta creer que sea realmente tan sencillo.
El otro, la circunstancia o tu mismo simplemente son como son, no como creemos que debería ser. Y en cuanto dejas de querer que cambien, pluf! … aparece la magia de aceptar la realidad tal y como es.
Un saludo,
Carlos.

#6 
Escrito por Carlos A. en enero 30th, 2013 @ 14:26

Quanta raó! ja no només és l’escolta activa sino el escoltar a l’altre desde el seu jo, no desde el nostre. De vegades em passa que quan parlo amb segons qui penso que ja se per on va la conversa o que no m’aportarà res de nou perque sempre hem diu el mateix, pero quin gran error estic cometent! des de l’amor i la humilitat farè l’esforç de buidarme abans d’escoltar els altres tal i com es mereixen perque tots som persones i ens ho mereixem.
Gràcies com sempre Herminia!

#7 
Escrito por Roser en enero 31st, 2013 @ 10:09

Me ha venido a la cabeza un pasaje del libro «La sensación de fluidez» en que Leopoldo invita a Jesús a degustar una cena con los cinco sentidos, uno a uno, haciéndole que redescubra cómo es una naranja, un trozo de pan, etc. Le anima a percibirlo de un modo diferente, tomándose su tiempo, abriendo todos los sentidos despojándose de los prejuicios. Me parecería una forma estupenda de hacerlo para con nosotros mismo, los demás y, en el futuro, con nuestros clientes.
Las inseguridades, los miedos, el confort, todo ello nos lleva a los prejuicios, a etiquetar a las personas. Sería el atreverse a ser, a saber, a descubrir lo que nos podría animar a «saborear» a las personas y al mundo como si fuese algo recién descubierto, la propia curiosidad nos llevaría a escuchar libremente, sin ataduras al pasado ni a los prejuicios mentales que tenemos. Redescubrira los demás. ¡Me gusta!

#8 
Escrito por Alicia García Lucas en enero 31st, 2013 @ 12:14

Molt interessant Hermínia!
Quisiera identificar dos aspectos diferenciados: la Escucha como Coach con tu Coachee y la Escucha como padre, pareja, amigo, hijo, jefe, compañero… etc. En ambas situaciones debe prevalecer el hecho de Escuchar desde las personas confiadas y confiables que somos, con empatía, generosidad, justicia, honestidad y amorosidad. La Conciencia de esa diferenciación se sitúa no al nivel del «Tipo de Escucha» (activa, completa) sino en el Nivel del Feeb-back. Desde la generosidad, pero también desde la humildad, entiendo que somos responsables del crecimiento de las personas en la segunda situación (la de no-Coaching). La devolución, por lo tanto, adecuada a la persona creo que puede y debe realizarse desde la contribución al Crecimiento Personal y Profesional de nuestro interlocutor. En este sentido, si nuestro hijo nos conecta con nuestra «paciencia», creo que debemos devolvérselo para que su comunicación mejore. Si nuestro colaborador nos conecta con nuestros «prejuicios», creo que debemos devolvérselo, como función de Liderazgo. Haciéndolo de la mejor manera posible, lo agradecerá y pienso que, en muchos casos, es nuestra responsabilidad. Repito, siempre fuera del ámbito Coach-Coachee. Porque no somos responsables de lo que sentimos, síno de nuestra respuesta a lo que sentimos, pienso que tenemos esa responsabilidad como personas y profesionales expertos en el crecimiento personal y profesional de las personas.

#9 
Escrito por josep gendra en enero 31st, 2013 @ 13:14

Gràcies Herminia! Prenc nota…em quedo amb la següent reflexió: «Escucharlo desde las personas confiadas, empáticas y confiadas que somos es un logro que podemos conseguir si trabajamos en nuestro autoconocimiento y escuchamos desde la generosidad, la equidad y el amor».

Vanessa

#10 
Escrito por Vanessa Teixidor en enero 31st, 2013 @ 14:21

Gracias Herminia,

Por tan valiosa información. Por eso es necesario, como bien mencionas en supervisión, que para un Coach, es necesario «vaciarse» cada vez que entra en sesión con un cliente, pues como seres humanos que somos, nos formamos nuestra imagen del cliente o interpretamos…pero no va un cliente a un coach para ser interpretado a la imagen del coach, si no…para ser escuchado…REALMENTE…
Gracias por tu post Herminia!

#11 
Escrito por Noemi en febrero 1st, 2013 @ 15:02

Extraordinario Herminia yo que cada día me estoy convirtiendo en un aceptologo que acepta que todo lo que ocurre ocurre por una razón que muchas veces escapa a mi visión condicionada acepto que los demás tienen derecho a opinar discernir y equivocarse con lo que yo pienso digo o hago pero se me había escapado eso de la imagen asociada y muchas veces sin darme cuenta me he resignado a deshacer esas imágenes que tenemos de los demás …… Gracias y una y mil gracias por contribuir a la expansión de nuestras consciencias

#12 
Escrito por Santiago en febrero 2nd, 2013 @ 12:35

Que cierto es tu artículo. Nuestra manera de escuchar evidencia lo subjetivo que es el ser humano, lo que me plantea ¿cómo la psicología pretende hacer ciencia objetivable con un objeto de estudio tan subjetivo?
Un saludo

#13 
Escrito por Laura Ponce en febrero 3rd, 2013 @ 11:14

Hola Herminia, gran artículo sobre la escucha. Y ciertamente, nos vemos reflejados en los diferentes aspectos-conceptos del mismo. Si tenemos una “etiqueta” (prejuicio) validada en el tiempo sobre una persona es difícil realizar una escucha atenta sabiendo que esta dedicación va a caer en “saco roto”. Necesitamos de unos segundos de reflexión y posicionarnos otra vez en “modo” escucha empática para que la comunicación pueda fluir. También es importante focalizar aspectos cotidianos de la persona que merman la capacidad de escucha; horarios de trabajo, estrés, exceso de compromisos, pérdida de energía, todo ello conlleva a un aplazamiento del momento de escucha para que éste sea de calidad. Las situaciones íntimas sin bullicio, sin estrés, en las que los interlocutores están con sus capacidades intactas son “ideales” para que la escucha sea total. Gracias por el aprendizaje…………..

#14 
Escrito por xavier Aparicio en febrero 3rd, 2013 @ 12:52

Estoy totalmente de acuerdo con la afirmación de que la escucha no es fácil. Diría que es más difícil que hablar. Aunque ambas varíen en su calidad.
Como todo en la vida el cambio está continuamente presente, en las relaciones interpersonales también. Después de una conversación, por ejemplo, somos diferentes, hemos ganado o perdido. Ganado en conceptos, emociones o perdido, independientemente de si son negativos o positivos.
A veces, ganas en realidad y otras en todo lo contrario. Depende del interlocutor o de uno mismo.
Los filtros son inevitables y cuanto más “espeso” sea éste menos calidad habrá en la comunicación.
El caso de Susana y su pareja es, lamentablemente, de lo más habitual. No solo en parejas sino entre padres e hijos, hermanos, jefes y subordinados, amigos y hasta hay gente que lo repite con D ios, en este caso no se sabe que opina Él o Ella (me refiero a Dios/a)
Lo cierto es que esa madurez necesaria conlleva humildad, paciencia y dosis de sentido común; bienes escasos hoy en día. Esta es mi percepción que viene desde cierta dosis de pesimismo y frustración; al observar la sociedad en la actualidad percibo un individualismo excesivo que conduce al exceso de egoísmo y la falta de valores. Todo ello favorece a la no comunicación de los “altamente comunicados” del Connecting new World”
Estoy de acuerdo en que todos tenemos prejuicios pero la decisión de obviarlos es nuestra y solo nuestra. Por ello la buena escucha también parte de una decisión muy clara y seria de nosotros con nosotros mismos.
Para terminar, decir que escuchar se escucha poco y se oye mucho. Es más, seguramente esta fase de la humanidad es en la que más palabras se dicen y la que menos se escucha que nunca en nuestra historia.

#15 
Escrito por Ana Isabel Núñez en febrero 3rd, 2013 @ 20:41

Coincido totalmente con el mensaje principal de este artículo: «escuchamos a las personas e función de la imagen que nos hemos hecho de ellos». Eso, es algo de lo que fui consciente al poco de empezar el Máster, pero cuando me di cuenta que en el tiempo que hacia que no había visto a la persona x, esta podría haber cambiado de alguna manera, mi forma de escuchar cambió. Empecé practicando con una persona algo allegada a mi, situándome en una posición en la que daba el beneficio de la duda (en cuanto al cambio), vi que no había cambiado (seguía con sus indirectas negativas de siempre), pero eso no era lo que a mí me importó: lo que de verdad me importó y me sorprendió es que habiéndole dado el beneficio de la duda, la escuché de otra manera y desde esa calma y tranquilidad, supe responderla sin caer en la provocación de sus indirectas. De este modo, la calma a mi también me ayudó a no sentirme culpable, como me sentía otras veces que empezaba con sus indirectas. Ese día hice 2 grandes aprendizajes.
Gracias.

#16 
Escrito por Mª del Carmen Pérez Fuente en agosto 27th, 2013 @ 13:19

Gran artículo, muy certero. Escuchar realmente a la persona sin poner por delante ningún filtro, ningún prejuicio es, no quisiera decir imposible, pero sí muy difícil, tanto más cuanto más creemos conocer a la persona. Y sin embargo, cuando se consigue, ni siquiera un poco, mi experiencia es que siempre hay nuevas percepciones, nuevos matices, nuevas comprensiones que enriquecen la persona que tenemos delante, y nuestra relación. Requiere tiempo, paciencia y presencia. Creo que cuesta más entre los adultos, como si pensásemos que por el hecho de serlo tenemos que dar cosas ya por sabidas. A mí personalmente me resulta más fácil con mi hija, con los jóvenes en general, quizás porque interiormente les doy más espacio para sorprenderme, para el cambio, para que hagan las cosas de forma diferente porque están en proceso natural de evolución. Quizás nos hace falta rejuvenecer nuestra mirada para mejorar nuestra escucha.
Gracias por tu mirada Herminia.

#17 
Escrito por Cristina en febrero 25th, 2016 @ 12:12

Gracias por este artículo muy interesante. Leyendo este artículo me planteo, que es lo que realmente escuchamos y a quién escuchamos? Me ha venido a la mente leyendo este artículo una típica situación en nuestras vidas diarias, por ejemplo “estás hablando con una amiga, pero lo que te está diciendo te resulta repetitivo o aburrió, haciendo que inconscientemente desconectes de la conversación y no le escuches nada de lo que te dice, pero en un momento vuelves a conectar cuando te dice, me estas escuchando? Y tu sorprendido dices sisi, pero realmente no has escuchado nada de lo que te ha explicado, y como te sabe mal, intentas prestar más atención a lo que te dice, intentando hacer una escucha más activa”.

#18 
Escrito por Irene en enero 29th, 2017 @ 0:42

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