Gratitud y Agradecimiento

Post escrito por Hermínia Gomà en enero 20, 2013
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Gratitud y agradecimiento

La gratitud no sólo es la más grande de las virtudes,
sino que engendra todas las demás.
Cicerón

Disciplinas científicas como la psicología positiva (Martin Seligman y Mihaly Csikszentmihalyi) o la psicología humanista (Abraham Maslow o Carl Rogers) analizan, potencian y desarrollan aquellos aspectos más positivos del ser humano. La felicidad, el bienestar, la creatividad, la inteligencia emocional, la sabiduría, la resiliencia, el buen humor, la serenidad, etc… son conceptos y realidades que les incumben. De todas ellas, hoy me gustaría reflexionar con todos vosotros sobre una en particular: el valor de la GRATITUD por su gran poder transformador que se manifiesta a través del AGRADECIMIENTO.

¿Te has cuestionado alguna vez el poder regenerador de la gratitud?
¿Cómo manifiestas gratitud?
¿Qué sientes al conectar con la gratitud?
Hoy, ¿Cuántas veces has expresado agradecimiento?
¿En qué situaciones podrías mostrarte agradecido/a?
¿Qué ocasiones has dejado pasar por indolencia, timidez o “ya se lo diré”, “ya lo sabe”…?

La gratitud es una cualidad humana vinculada a la madurez y a la salud psicológica de las personas. La gratitud es un valor fundamental indispensable en nuestra vida afectiva e incluso es un valor que nos trasciende y nos conecta con nuestra espiritualidad.

Actualmente se está educando poco en el agradecimiento. Agradecer es dar las gracias para siempre. Pero no todos podemos entender el agradecimiento de la misma manera, en todas las circunstancias. El agradecimiento es el reconocimiento del valor de lo que alguien ha hecho por el mundo, por seres que amamos o por nosotros mismos. Puede despertar la necesidad de dar las gracias desde la más pura alegría del momento o también puede generarnos un sentimiento de deuda que se mantenga a lo largo de toda nuestra vida.

Hay personas que no tienen ningún problema en ser agradecidas, en cambio se incomodan cuando reciben el reconocimiento o la gratitud de los demás. Por modestia, pudor, humildad o porque no creen en su propio valor y no saben como integrar el agradecimiento de los demás hacia ellas. Tú, ¿cómo vives el agradecimiento de otras personas hacia ti? ¿Lo minimizas, lo rechazas, te avergüenza, lo relativizas, lo necesitas, lo agradeces? ¿Piensas que lo que hacen los demás tiene mucho más valor que lo que haces tú?

Cuando reconocemos un favor que nos han hecho y damos las gracias establecemos un vínculo, un lazo que se mantendrá hasta que podamos corresponder o incluso, habiendo correspondido, conservar el sentimiento para siempre. Este reconocimiento implica adquirir un compromiso, establecer un vínculo profundo.

 Vivimos en una sociedad en la que hay el convencimiento, la creencia, de que “somos sujetos de derecho” y por tanto, nos lo merecemos y tenemos derecho a todo, tanto en lo personal como en lo profesional, lo que implica que no tenemos nada que agradecer. Es como si todo lo que los demás hacen por nosotros fuera su obligación, lo damos por supuesto y por tanto no hay nada que agradecer, ni a nadie a quien agradecer. Somos indiferentes al esfuerzo, a los detalles o la generosidad de los demás. Nos es muy cómodo pensar, “yo no se lo pedí”, “si lo dieron o lo hicieron es porque quisieron”. “No hace falta agradecer nada, a mi, tampoco me lo agradecen”.

Vivimos en una sociedad en la que creemos que el dinero es muestra de reconocimiento, como “hemos pagado” ya no hace falta expresar gratitud. Nos decimos a nosotros mismos: “con lo que le he pagado ya no estoy en deuda”, “por eso cobra, es su trabajo”. Esto es muy frecuente en los entornos laborales, donde se supone que el agradecimiento se expresa a través de una nómina o de un cheque a final de mes. Cómo decía Stephen Covey en su libro los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, trata a las personas de tu organización como voluntarios y voluntarias, porque su voluntad, su creatividad, su motivación, su dedicación, su fidelidad y lealtad te la dan voluntariamente y no se pueden recompensar con dinero.

Imaginemos por un momento que en lugar de dar por sentado que nos lo deben, que lo pagamos, que nos lo merecemos, pensáramos en todo aquello a lo que el otro ha renunciado, en todo aquello que el otro ha entregado para que nosotros, ahora, podamos disfrutar, aprovechar, utilizar, aprender o crecer. ¿Somos concientes de toda la gratitud que no somos capaces de expresar o reconocer? Para un momento y reflexiona. Haz una lista de todo lo que das por supuesto que ha de estar ahí, para ti. Medita y date cuenta de quien hay detrás. Agradece todo lo que los demás, perfectos desconocidos, hacen para que tu vida sea más fácil, agradable, tranquila, sencilla…

Necesitamos despertar y conectar con el agradecimiento. Hace falta educar en el agradecimiento. La gratitud nos permite establecer vínculos sanos y poderosos entre todos nosotros. Podemos diagnosticar la salud o enfermedad psicológica y emocional de una persona, de una pareja, de una familia, de una empresa o de una sociedad por el caudal de reconocimiento y gratitud que circula por sus venas.

¿Qué sientes cuando aprovechas el trabajo de otros? ¿Qué piensas? ¿Qué haces?

La felicidad pasa por el agradecimiento. La gratitud es lo opuesto al resentimiento.

Agradecer de verdad las cosas, además de ser un acto de justicia o precisamente por eso, aumenta la paz interior, nos aporta dicha y serenidad. Agradecer es recordar.

“Nadie da gracias al cauce seco del río por su pasado”
R. Tagore

No todos los agradecimientos tienen el mismo valor, ni colman de la misma manera a quien los da o a quien los recibe. Hay agradecimientos que surgen de la costumbre y otros que nacen del alma. Unos que son automáticos y otros que son genuinos. Algunos surgen del amor y otros de la alegría. Una mirada, una palabra, un gesto, un detalle pueden ser muestras de nuestro agradecimiento. ¿Qué pasaría si conectaras con el agradecimiento, con aquella parte de ti capaz de reconocer el valor que otros aportan a tu vida?

Una de las experiencias más balsámicas que he experimentado en mi vida, la viví hace muchos años, y su aroma todavía perdura en mi interior. Escribí una carta de agradecimiento a mi madre y fui muy afortunada de podérsela entregar en mano y compartir este momento con ella. Desde pequeña he mantenido una relación de confianza con mi madre, pero en un periodo difícil de mi vida me distancié de ella y sufrí profundamente este alejamiento que yo misma mantuve hasta que pude reconciliarme, no con ella, sino conmigo misma. También pude reconocer y aceptar la tristeza que este vacío nos produjo a las dos. La reconciliación conmigo misma se produjo cuando fui capaz de conectar con el perdón y el agradecimiento. Y lo que el cuerpo y el alma me pedían era que escribiera una carta a mi madre, una carta llena de agredecimiento. Recuerdo que era un domingo a media mañana cuando me acerqué a su casa y sentadas una al lado de la otra le entregué la carta y le pedí que la leyera ella, no me atrevía a leerla yo por miedo a desbordarme. Nos abrazamos e instantáneamente construimos un puente que se fortalece día a día desde entonces. Un puente de confianza, serenidad y reconocimiento mutuo.

Escribir una carta de agradecimiento es tan reparador para la persona que la escribe como para la persona que la recibe. Te invito a vivir la experiencia reparadora de escribir una carta de agradecimiento a aquellas personas que te han ayudado a ser quien eres.

En demasiadas ocasiones, cuando somos plenamente conscientes de nuestros sentimientos de gratitud, quizás llegamos tarde, y esa persona ya no está con nosotros. Aun así, a pesar de que no pueda llegarle a la persona, darnos el permiso y la oportunidad para escribirla es tremendamente sanador y provoca beneficios muy positivos. La gratitud serena el proceso de duelo.

Todos y todas hemos tenido personas que han marcado nuestra vida y que nos han ayudado a ser las personas que somos ahora. Unas porque fueron ejemplos inspiradores y nos permitieron conectar con mejor de nosotras mismas y otras porque fueron nuestros maestros de vida y nos permitieron reconocer nuestras debilidades.

¿Quién fue la persona que creyó en ti y te animó?
¿Quién te mostró el camino para lograr tus sueños?

Ahora, quizás es el momento de redactar esa carta de agradecimiento que hace tiempo quieres escribir. Tómate el tiempo que necesites para identificar a las personas que han marcado tu vida de manera positiva y gracias a las cuales eres quien eres: pareja, padres, hijos, hermanos, familiares, profesores, amigos, exparejas, compañeros de trabajo, jefes, conocidos, vecinos… Eres una persona afortunada por tener a alguien que hizo algo por ti. Como canta Joan Manuel Serrat en su célebre canción Bienaventurados: “Bienaventurados los que contrajeron deudas porque alguna vez alguien hizo algo por ellos”.

Hay también un agradecimiento con el que conectamos cuando tomamos consciencia de lo afortunados que somos por estar vivos, por todos los privilegios y oportunidades que tenemos, por el bienestar y felicidad de las que podemos gozar. Damos por sentado que saldrá agua transparente y potable cada vez que abramos el grifo. Es un buen ejercicio recapacitar y valorar todos aquellos privilegios que poseemos y a los que estamos acostumbrados. Apreciar y agradecer es una elección. ¿Dónde focalizas tu atención, en lo que eres, haces y tienes o en quién no eres o has perdido? Somos responsables de nuestra elección. Podemos sentir gratitud si así lo elegimos. Los obstáculos las contrariedades y frustraciones que la vida nos depara nos ofrecen la oportunidad de recordar y apreciar todas aquellas ventajas y privilegios a los que estamos acostumbrados.

Quizás es el amor, la oportunidad de amar y ser amados el mayor de nuestros privilegios. ¿Acostumbras a dar las gracias por el amor que recibes? ¿Por poder amar a alguien?

Hay un ejercicio que realizo desde hace muchos años y que también me gusta compartir con otras personas, ya sean clientes, pacientes o alumnos. Una práctica sencilla y poderosa que está al alcance de todos nosotros. Cada mañana, escribo en mi libreta de bitácora, 3 agradecimientos del día: a personas cercanas, a personas que no conozco que hacen mi vida más fácil, a lo que me rodea, al día que hace, a los errores que ayer cometí, a la persona que señaló mi equivocación, a mis colaboradores, a mis alumnos, a mis pacientes o clientes, por lo que me aportan, por lo que me hacen sentir o simplemente por ser y estar ahí. Hay días que son tantas las cosas por agradecer… soy tremendamente afortunada.

Para terminar, sólo me resta agradeceros, a todos vosotros, estimados lectores y lectoras de esta blog, vuestro tiempo y vuestros comentarios. Gracias por contribuir a difundir felicidad y bienestar a vuestro alrededor y repartir generosamente vuestra gratitud estéis dónde estéis.

Hermínia Gomà
20 Enero 2013
Barcelona