Responsabilidad y Elección

Post escrito por Hermínia Gomà en octubre 29, 2013
Categorías del post: General

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Responsabilidad y Elección  en procesos teleológicos

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“La elección en sí misma es crucial para la conformación de la personalidad:
a través de la elección, las personalidad se sumerge en lo que se está eligiendo,
mientras que cuando no hay elección la personalidad se atrofia”
Soren Kierkergaard

Esta frase de Kierkegaard, que encontramos en su libro, O lo uno o lo otro (1863), me ha hecho reflexionar sobre el concepto de responsabilidad y cómo, nuestras elecciones, van configurando nuestro carácter. En tu caso,

¿Qué elecciones han configurado tu carácter?
¿Qué elecciones te permitirían mejorar tu carácter?

“El hombre no vive,
sino que dirige su vida”
Arnold Gehlen

Arnold Gehlen fundador de la antropología filosófica, en su obra, “El hombre. Su naturaleza y su lugar en el mundo”, escrita en 1940 traducida al español en 1987, concibe que las personas somos seres práxicos, es decir, seres que actuamos, que queremos hacer cosas y que hacemos cosas que queremos hacer. Actuar no solamente como reacción instintiva sino actuar para trascender, para ir más allá de lo inmediato. No sólo para responder a las circunstancias sino para crearlas.

Aristóteles distinguía entre praxis (acción) y poiesis (producción). Actuar no es construir objetos, actuar es construir un carácter. La praxis humana es construirnos y reconstruirnos a nosotros mismos continuamente, aprendiendo constantemente. En su obra Oratio pro hominis dignitate”, Giovanni Pico della Mirandola, plantea una profunda reflexión sobre la dignidad humana. Cada ser humano puede llegar a ser lo que quiera desde lo más sublime a lo más rastrero. Es capaz de actuar. Su dignidad está vinculada a ser creador de sí mismo. Cómo decía Karl Kraus: “Nuestra meta es nuestro origen”.

Recuerdo de pequeña haber escuchado en la escuela y en casa una canción: “ser responsable”. Ser responsable significaba que hiciéramos lo conveniente en cada situación. Si teníamos un examen, estudiar para obtener buena nota. En casa, éramos responsables si ayudábamos y contribuimos. Si había niños más pequeños cuando jugábamos debíamos protegerlos… Nunca lo viví como una imposición, era consciente de que estaba haciendo una elección. Tenía muy claro que cuando era responsable me sentía capaz, segura y bien conmigo misma. Y lo mejor es que cuando pedía algo que sólo se concedía a ciertas edades, “cómo era responsable”… tenía más opciones. Al ser considerada “responsable” aumentaba la confianza de mis padres y profesores y tenía mucha más libertad.

¿Cómo lo viviste tú?
¿Qué resultados obtuviste al ser responsable?
¿Qué resultados obtenías si no lo eras?

Nunca me dieron una definición de lo que era ser responsable, lo aprendí por ensayo y error y observando, como la mayoría de vosotros. Una de las explicaciones sobre la responsabilidad que más me ha gustado a lo largo de los años es de Stephen Covey. En su libro Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas, Covey, dice que la responsabilidad alude a dos conceptos: responder y habilidad. Para él, la responsabilidad sería la habilidad de elegir la respuesta. También nos dice que si somos proactivos, si lideramos nuestra vida, reconoceremos esta responsabilidad sin culpar a los demás, a las circunstancias, a las condiciones ni a los condicionamientos.

Nuestras acciones son fruto de nuestras decisiones

Cuando decidimos conectar con nuestros valores incrementaremos nuestra consciencia a la hora de decidir. Esta conexión con nuestros valores permitirá alejarnos del miedo, de la angustia o la ansiedad al focalizarnos en el para qué y el sentido de la decisión que vamos a tomar. Por ejemplo, recuerdo el proceso que realicé con Antonia, una técnica del sector químico, que  se sentía mal por permanecer callada en las reuniones de trabajo. No era consciente de que estaba eligiendo desde el miedo. A través del proceso ella pudo conectar con un valor que era fundamental para ella: el respeto.  Cuando decidió conectar con el respeto pudo expresar su opinión en las reuniones de trabajo (por extensión a otros entornos). Esta clienta decidió escucharse y conectar con un valor que la definía, un valor que era constitutivo de su carácter, en lugar de conectar con el miedo. Actuar responsablemente fue el resultado de tomar la decisión de vivir desde el respeto en lugar de vivir desde el miedo. El dolor de Antonia no estaba vinculado a una incompetencia, sino al hecho de traicionar su carácter constitutivo: ser respetuosa. Si quería hacerse responsable de su vida, sus decisiones debían ser congruentes con su esencia. Ser responsable implicaba conectar con el respeto, para así, reconocerse a sí misma.

Desde el modelo teleológico entendemos que:

La persona responsable es la que da
la respuesta más adecuada, en cada momento,
la que asume la dirección de su vida, la que la lidera.

Podemos pensar que la responsabilidad significa obediencia, algo que nos viene impuesto. Para mí, la responsabilidad está conectada a la libertad. Siempre puedo elegir la respuesta que quiero dar, puedo reaccionar desde el miedo, la desidia, el resentimiento, el egoísmo, la pereza o puedo responder proactivamente siendo consciente de la elección y de sus consecuencias (sin cargarlas a los demás). Si pensamos que no tenemos elección, significa que sentimos que otras personas controlan nuestras vidas. Perdemos nuestra identidad. Somos nosotros quienes elegimos la vida que queremos vivir. Sólo nosotros podemos asumir esta responsabilidad, para ser verdaderamente libres. Sartre afirmó que estamos condenados a ser libres. Para Sartre la responsabilidad es el modo de ser humano y es la forma de entender el sentido de la libertad. Par él, la conciencia de la responsabilidad se incrementa al darnos cuenta de que nuestra elección no se refiere sólo a la esfera puramente individual: todo lo que hacemos tiene una dimensión social.

Decidir actuar, es lo que nos define como seres humanos. En su libro ¿A quién pertenece lo ocurrido?, Manuel Cruz escribe que “La intención introduce un cambio cualitativo en la esfera de lo real ocupada por el hombre”, es nuestra intencionalidad la que define nuestra capacidad de actuar. Desde el modelo teleológico, la pregunta ¿para qué? nos define, y hace referencia precisamente a esa intencionalidad. Pone a la persona en el centro de su toma de decisiones. Da sentido a la acción que va a emprender. Asume la responsabilidad de sus actos y de sus consecuencias. En este sentido, cuando hacemos un proceso teleológico es importante que al plantear esta pregunta a nuestro cliente seamos conscientes de lo que decía Aristóteles: “Podemos desear ser inmortales, pero no podemos elegir ser inmortales”, lo que significa que:

El ¿para qué? no está vinculado al deseo sino a la elección

Cada uno de nosotros podemos asumir hacernos responsables, es una decisión (elección + acción) voluntaria. Nadie puede decidir asumirlo por nosotros. Ser responsable no significa adherirnos a lo preestablecido, ni implica una actitud pasiva. Se trata de no permitir que otras personas decidan por nosotros. Se necesita un gran SÍ a lo que nos conviene y un gran NO a lo que nos aleja de nuestros valores, prioridades y sentido.

¿A qué le estás diciendo “sí”, cuando lo que te convendría es decir “no”?
¿A qué le estás diciendo “no”, cuando lo que te convendría es decir “sí”?

Algunas personas creen que si mantienen una actitud pasiva, sin tomar decisiones, pueden eludir la responsabilidad de elegir. Sin embargo, evitar esa elección influirá sobre el curso de acontecimientos futuros. Jean-Paul Sartre lo expresó de manera muy clara: “Debes saber que si eliges no elegir, eliges igualmente”.

Posponer una elección ya constituye una elección.
Cuando posponemos una decisión somos responsables de esa elección.

Que se enfrenten la verdad y la falsedad;
¿acaso se ha visto alguna vez que la verdad sea derrotada
en una confrontación franca y leal?
John Milton

Nos cuesta pensar: “Permito que mi hijo me interrumpa cuando hablo por teléfono”. Nos resulta más fácil decirnos: “Mi hijo me interrumpe siempre que hablo por teléfono”. O por ejemplo: “He salido tarde de casa” en lugar de decirnos: “Llego tarde por culpa del tráfico”. Otro ejemplo, en lugar de decirnos: “No soy capaz de atraer la atención del otro”, preferimos el autoengaño y decirnos: “Habla tanto que no puedo decir nada”. Significa que asumo la responsabilidad de las consecuencias. Cuando lo hacemos podemos influir sobre esos resultados y cambiarlos.

¿Cómo distinguir la falsedad de nuestras creencias?
¿Qué relación tienen con nuestra capacidad de elección?
¿En qué medida estas creencias son una excusa para no asumir la responsabilidad de nuestras vidas? 

Una cosa que no deja de maravillarme es el hecho de que las personas podemos llegar a hacer cosas increíbles cuando somos conscientes de que tenemos la responsabilidad sobre algo. Recuerdo que cuando trabajaba de profesora, en una escuela pública de Barcelona, Juan, un alumno de cuarto de primaria siempre que salíamos de excursión se quedaba retrasado. Decidí organizar las salidas en tres grupos y nombrar a un responsable para cada grupo. Llamé a Juan y le pedí que fuera uno de los responsables. El cambio fue espectacular. Aceptó rápidamente la propuesta y asumió su responsabilidad. Su autoestima se incrementó. Disfrutaba de las salidas y animaba a los rezagados de su grupo.

Otorgar la responsabilidad exige valentía,
autoestima y confianza en la capacidad del otro para aprender

¿Permites que el otro asuma su responsabilidad?
¿Cuáles son las consecuencias?
¿Asumes las responsabilidades de otros?
¿Cuáles son las consecuencias?

Las personas nos sentimos responsables y actuamos así cuando:

Hay algo de lo que podemos sentirnos responsables
Somos conscientes de los objetivos que se persiguen
Percibimos que podemos ejercer nuestra influencia en el camino hacia esos objetivos.

La vida es el resultado de un cúmulo de decisiones que vamos tomando. Cuando decimos: “no tengo otra elección”, nos estamos engañando a nosotros mismos. Lo que realmente está sucediendo es que tememos tomar ciertas decisiones, y en lugar de influir en nuestras vidas, permitimos que otras personas o circunstancias elijan por nosotros.

La responsabilidad nos da poder e influencia,
ya que nos hace sentir capaces de actuar

 

 

 

Referencias:

Savater, F. (2003) El valor de elegir. Ariel. Barcelona

Hermínia Gomà
29 octubre 2013
Barcelona 

 

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