Cuando asumes el protagonismo de tus acciones eres la mejor versión de ti mismo

Post escrito por Hermínia Gomà en enero 10, 2014
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El acto más pequeño en las circunstancias más limitadas
lleva la simiente de la misma ilimitación, ya que un acto,
y a veces una palabra, basta para cambiar cualquier constelación.
Hanna Arendt (1958)
 

Estas fiestas navideñas me han aportado un descubrimiento muy interesante. Cuando mi padre murió nos dejó un gran legado material: su biblioteca. Conversando con mi madre, ésta me pidió que fuera llevándome libros relacionados con temas pedagógicos y sociales. Uno de los libros que se posó en mis manos fue La condición humana, de Hannah Arendt, editada por Paidós en 1993 (editada originalmente en 1958 por la Universidad de Chicago).

Me gusta pensar que los libros poseen su propia sabiduría y que se nos abren por la página que necesitamos. Casualmente éste se abrió entre la 204 y la 205 y una palabra parecía que resaltaba entre las demás: dignidad humana. Esto despertó mi curiosidad y no pude abandonar su lectura. Esta palabra estaba incluida en el capítulo titulado ACCIÓN. No necesitaba más como coach teleológica para seguir sumergiéndome en la obra de esta gran pensadora del SXX.

Totalmente de acuerdo con esta autora y otros pensadores, comparto el presupuesto de que la humanidad es plural. Esta condición humana implica por un lado que como seres humanos compartimos muchas similitudes y a la vez nos diferenciamos de los demás. Estas similitudes y distinciones son la base de dos fenómenos humanos: la comunicación y la acción.

Cuando nos relacionamos con los demás, el hecho de parecernos nos permite entre otras posibilidades entendernos y planificar o predecir necesidades futuras. Al mismo tiempo, cada uno de nosotros somos diferentes, únicos y gracias a la comunicación y a nuestras acciones podemos interactuar.

Que seamos únicos no es lo mismo que la alteridad. La alteridad es la calidad que posee todo lo que es. Las personas podemos diferenciarnos de las demás que son iguales a nosotras y además expresar nuestro propio “yo”. En las personas, la alteridad que compartimos con  todo lo que es, y la diferenciación, que también compartimos con los demás, se convierte en unicidad. Lo que hace tan rica la naturaleza humana es que compartimos la unicidad que nos hace tan plurales como seres humanos. A través de la comunicación y de nuestras acciones no solamente “somos distintos” sino que “podemos diferenciarnos”.

¿Podemos sentirnos vivos sin comunicarnos o sin actuar?
¿Podrá percibir el mundo que estamos vivos sin que nos comuniquemos o actuemos?

Actuar significa tomar la iniciativa, iniciar, comenzar, conducir, gobernar y finalmente liderar la propia vida. El nacimiento de cada ser humano es el inicio de algo inesperado. El hecho de que como seres humanos seamos capaces de actuar significa que podemos esperar lo inesperado de cada uno de nosotros. Ser capaces de actuar implica que somos capaces de realizar lo que parecía imposible. Es aquí donde entra nuestra capacidad de elegir qué acciones realizaremos, con qué finalidad y que sentido darán a nuestras vidas. Estamos hablando de libertad y de liderazgo, de responsabilidad y de compromiso con nosotros mismos. En este sentido cada uno de nosotros somos héroes. Originariamente en grecia, la palabra héroe se daba a los hombres libres que participaban en la empresa troyana, sobre los que podía narrarse una historia por sus acciones. Cómo dice Hannah Arendt: «La connotación de valor, que para nosotros es cualidad indispensable del héroe, se hallaba ya en la voluntad de actuar y hablar, de insertar el propio yo en el mundo y comenzar una historia personal […] El alcance de este valor original, sin el que no sería posible la acción ni el discurso y en consecuencia, según los griegos, la libertad, no es menos grande y de hecho puede ser mayor si el «héroe» es un cobarde».

Esto será posible precisamente porque cada uno de nosotros somos únicos y singulares. La realización y trascendencia como seres humanos implica vivir como seres humanos distintos entre iguales. Desde que nacemos hay una pregunta que gravita en nosotros: ¿Quién soy? Iremos desvelando y descubriendo quienes somos a través de nuestro discurso y de nuestras acciones. El ser humano se expresa por lo que hace, pero sobre todo por su identificación como “ser en acción”, como “protagonista de esa acción”, por lo que ha hecho anteriormente y por lo que hará en el futuro. La acción por sí sola no nos identifica como personas. Muchas maquinas pueden hacer cosas que hasta ahora solo hacían las personas. Nuestros actos hablan de nosotros cuando los dotamos de sentido, cuando podemos expresar el qué y el para qué lo hacemos o lo haremos. A través de la acción y del sentido que le damos nos diferenciamos y expresamos nuestra identidad. ¿Quién soy? La respuesta a esta pregunta, vinculada a nuestros dones, cualidades, talentos y debilidades, está implícita en todo aquello que decimos y hacemos. A veces, quienes somos permanece oculto para nosotros mismos y en cambio los demás lo perciben claramente. Por ese motivo los procesos de coaching teleológico serán una pieza clave en el descubrimiento de quienes somos y quienes podemos llegar a ser. Podremos descubrir al héroe, en el sentido que los griegos daban a éste término.  A través de la narración de las gestas en las que habremos participado daremos significado a nuestras acciones.

Mediante la conversación teleológica se va desvelando la verdadera singularidad de la persona y se intuye una nueva pregunta: ¿Quién quiero ser? Si por definición de nuestra naturaleza humana somos comienzo, inicio y acción cualquier momento será el indicado para generar las condiciones que nos lleven a ser quienes queremos ser. El diálogo teleológico será la intervención generadora de esta posibilidad de llegar a ser, ya que entre el coach y el cliente se establece un diálogo contiguo(dialogan el uno “con” el otro). Cuando esta contigüidad se traslada fuera de la sesión el cliente no solamente se siente realizado a través de sus acciones, además se revela como protagonista de ellas, muestra su carácter y su liderazgo.

La acción sin el protagonista es mera PRODUCTIVIDAD.
Cuando la persona asume el protagonismo de sus acciones revela su DIGNIDAD HUMANA.

¿Produces o te dignificas?
¿Qué acciones revelan tu dignidad humana?
¿Qué gestas como héroe nos querrías narrar?

Hermínia Gomà i Quintillà
Barcelona 10 enero 2014