15 Ideas para profundizar en tu rol como Coach Teleológico

Post escrito por Hermínia Gomà en mayo 20, 2014
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15 ideas para profundizar

en tu rol como coach teleológico

 

Los coachs afrontamos cada día y con cada cliente enormes desafíos, lecciones y oportunidades para aprender y desarrollarnos. La proactividad en el aprendizaje es la clave para el éxito profesional y personal. Colocarnos en el paradigma de “eternos aprendices” mejorará nuestro rol y competencias como coachs teleológicos.

Friedrich Nietzsche, en su libro El crepúsculo de los ídolos (1899) escribió: “Hay que aprender a ver, aprender a pensar y aprender a hablar y a escribir. […] Aprender a ver: acostumbrar el ojo a la calma, a la paciencia, a dejar-que-las-cosas-se-nos-acerquen; aprender a aplazar el juicio, a rodear y abarcar el caso particular desde todos los lados”. Añadiría otro aprendizaje: aprender a escuchar: con los ojos, con los oídos, con el corazón y con el alma.

Escuchar requiere generosidad, paciencia, tolerancia, considerar al cliente “importante” porque lo es. Nos importa el cliente, lo que nos dice, lo que necesita y el objetivo que quiere conseguir. Nosotros también somos importantes y saber escucharnos será fundamental para que “nuestro ruido interior” no nos perturbe ni enturbie el proceso.

Nuestra praxis se enfoca hacia el cambio de nuestros clientes, pero dado que establecemos con ellos una relación adulto-adulto, no la podríamos entender sin estar nosotros mismos orientados a nuestro propio cambio. Sabemos que no puede darse el cambio sin aprendizaje y que no se produce aprendizaje sin cambiar, modificar o reestructurar lo que sabíamos.

Cuando elegimos esta profesión somos concientes de que nuestra vida va a cambiar ya que se acelerará nuestro crecimiento personal y la comprensión hacia nosotros mismos al acompañar a otras personas en esa dirección. Nos entrenamos para desvelar lo mejor de cada persona/equipo y para que encuentren la inspiración que les llevará a ser la mejor versión de sí mismos y lograr sus sueños.

Nos preparamos para ayudar a las personas a hacer cambios duraderos y positivos. Este aprendizaje obedece a un propósito que nos trasciende, que va más allá de nosotros, significa que queremos acompañar a otra persona en el desarrollo de su liderazgo habiendo aprendido a liderar nuestra vida personal y profesional. Para ello es fundamental que conectemos con nuestros valores y con la pregunta que nos centra ¿para qué estoy aquí?

La pregunta nos despertará, la respuesta nos inspirará.

Somos conscientes de que nuestra función es generar oportunidades de aprendizaje para nuestros clientes. Nuestra praxis y reflexión sobre ella será asimismo una gran oportunidad para aprender de nuestros errores. Cuando una persona adulta se prepara para esta profesión parte, habitualmente, de paradigmas en los que ostentaba un rol de “experto” y en su formación deberá desaprender los “hábitos” de su antigua profesión para adquirir otros de nuevos en los que el experto siempre será el cliente (experto en sus problemas y en la solución que necesita).

Una de las reacciones más inadecuadas sería responder desde este rol de expertos cuando un cliente nos pide que le digamos “lo que ha de hacer”. En estos casos, tendemos a reaccionar desde nuestro ego (Yo sé lo que necesitas o lo que has de hacer), en lugar de responder desde la convicción de quien tiene la solución es el cliente (experto en sí mismo). Cómo escribió Nietzsche en la obra anteriormente citada: “Ésta es la primera enseñanza preliminar […]: no reaccionar en seguida a un estímulo, sino controlar los instintos que ponen obstáculos, que aíslan. […] lo que se denomina voluntad fuerte: lo esencial en esto es, precisamente, el poder no “querer”, el poder diferir la decisión.” Por ese motivo, saber cuál es nuestro rol y permanecer conectados conscientemente con él permitirá que el proceso fluya hacia el objetivo del cliente, no hacía “nuestra casa”.

Otro factor a tener en cuenta y que puede inducirnos a una mala praxis son nuestros propios perjuicios (el autoconocimiento será fundamental en nuestra preparación como profesionales). Cuando nuestros perjuicios nos dominan podemos llegar a descalificar al cliente o creer que sus creencias son irracionales porque no encajan en lo que consideramos “normal” o no concuerdan con nuestros paradigmas.

Para que la conversación con el cliente sea un diálogo que aporte valor deberemos profundizar e ir más allá de la primera respuesta automática que nos ofrezca el cliente. Profundizar para que emerja la propia voz del cliente y al escucharse pueda ser fiel a sí mismo. Para que se dé este diálogo deberemos liberarnos de perjuicios. Desde esta liberación llegaremos a escuchar la voz del cliente para podérsela devolver y que le llegue amplificada.

Quedarnos pegados a la “casuística” sería un error fatal, ya que son aspectos periféricos y superficiales. No indagamos sobre la situación, lo que hacemos es profundizar en cómo el cliente piensa esa situación, cómo la siente, cómo se relaciona con ella y con qué resultados. La casuística es la manera que tiene el cliente de expresar o exponer su malestar, será nuestra habilidad en preguntar desde la comprensión, lo que permitirá al cliente salir de su mirada hacia fuera, “fuera de él” para enfocarse en el “dentro de él”. Por ejemplo: Cuando te pasa esto ¿Cómo te sientes? ¿Qué piensas sobre ti? ¿Qué haces para afrontarlo? ¿Qué dice de ti?

Muchas son las oportunidades para aprender de los procesos con nuestros clientes, sobre nosotros y sobre nuestro rol. A continuación os propongo 15 ideas orientativas:

  1. Prepárate las sesiones antes de iniciarlas.
  2. Céntrate en tu rol, conecta con él antes de iniciar una sesión.
  3. Realiza higiene personal. ¡No entres con tu ego a sesión!
  4. Se creativo respetando la metodología.
  5. Escucha tu intuición.
  6. Sostén los silencios del cliente. ¡Recuerda: está pensando y sintiendo!
  7. Esfuérzate por aprender y mejorar tu praxis como coach. ¡Supervisa tu praxis!
  8. Identifica la manera de pensar, sentir y aprender de tu cliente.
  9. Crea conversaciones donde se desvele el talento y los valores de tu cliente.
  10. Escucha a tu cliente para entender sus necesidades, emociones y prioridades.
  11. Respeta a tu cliente (ritmo, estilo, creencias…).
  12. Céntrate en el cambio de paradigma del cliente, no en la casuística.
  13. Recuerda que el que sabe es el cliente. ¡No le digas lo que ha de hacer!
  14. ¡Píllalo haciéndolo bien y felicítalo!
  15. ¡Pídele feedback a tu cliente!

 

Hermínia Gomà i Quintillà
20 mayo 2014
Barcelona