El arte de dirigir justamente nuestras vidas

Post escrito por Hermínia Gomà en diciembre 20, 2014
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El arte de dirigir justamente nuestras vidas

Todas las virtudes se hallan comprendidas en la justicia.
Teoquidas

Según Platón la justicia, esencialmente, es una actitud de la persona para consigo misma. ¿Soy justo conmigo mismo? ¿Me hago justicia a mí mismo? En nuestro interior moran distintas fuerzas que tiran de nosotros ¿las dirijo acertadamente? Para Platón, vivir bien significa “hacerle justicia a lo que soy, a mi esencia, no vivir en contra de mi más íntimo ser”, tal como interpreta Anselm Grün en su libro Dirigir espiritualmente.

¿Qué necesito para hacerme justicia a mi mismo? En primer lugar profundizar en mi autoconocimiento, visitar mi yo interior, escuchar mi propia voz. ¿Qué tiene que ver conmigo lo que estoy escuchando? ¿Qué me lleva a vivir una vida plena? ¿Qué he de hacer para no negar todo mi potencial como ser humano?

Pero también la justicia es un valor que me vincula con los demás. ¿Soy justo con las demás personas? Qué difícil ser justos con los demás cuando no somos justos con nosotros mismos. ¿Debo ser justo con los demás? Evidentemente. La ética se basa en la justicia. Recuerdo que cuando tenía unos siete años, mi madre, maestra de vida, me hizo la gran pregunta. La pregunta que me dio una visión ética de la vida, me centró y ha sido uno de los faros que me ha guiado en momentos delicados: ¿Te parecería correcto que esto te lo hicieran a ti? Yo no era consciente del “otro”. No había tenido en cuenta que mis acciones podían afectar a otra persona. No recuerdo exactamente qué quería hacer, pero gracias a esa pregunta pude tomar consciencia del “otro”, de lo que era justo. Conecté con la ética. Esa pregunta aunque parezca muy básica, cuando tienes 7 años y nunca te la has planteado es impactante. La empatía despertó mi consciencia hacia la justicia. Realmente ha sido la pregunta más poderosa que alguien me ha hecho en toda mi vida.

Tomás de Aquino definió la justicia como “suum cuique”, dar a cada uno lo suyo, conceder a cada cual lo que le corresponde. Esto me lleva a pensar si somos justos con nosotros mismos. ¿Me doy a mí misma lo mío? ¿Me concedo lo que me corresponde? Demasiadas veces no nos damos lo nuestro, pero ¿qué significa darme lo mío?

Según Spinoza, la justicia es una disposición constante del alma a atribuir a cada uno lo que le corresponde. En este sentido, si queremos ser justos con nosotros mismos ¿Nos damos a nosotros mismos lo que nos corresponde? En algunas ocasiones lo justo sería perdonarme, aceptarme, respetarme, darme la oportunidad, permitirme ser diferente, ser original, creer en mí mismo; si no nos damos lo que nos corresponde somos injustos con nosotros mismos.

Ser justos con nosotros mismos comporta cierta disciplina, cambiar ciertos hábitos en la manera de tratarnos. Muy diversas pueden ser las maneras de tratarnos injustamente: juzgarnos, etiquetarnos, cosificarnos, destruirnos, dañarnos, empobrecernos, limitarnos. En definitiva no ser nosotros mismos. Ser justos con nosotros mismos implica que las decisiones que tomamos respecto a cómo tratarnos se hacen desde la confianza que nace de una reflexión profunda y no desde el miedo que nace de la falta de liberad, de creer que no hay alternativas. Si antes de tomar decisiones somos capaces de tener en cuenta cómo nos afectarán las acciones que haremos, cuándo haremos esas acciones, para qué las queremos hacer, probablemente entonces seremos justos con nosotros mismos. Desde este cuestionamiento podremos llegar a elegir si estamos siendo justos o no con nosotros mismos.

En ocasiones podemos sufrir las propias injusticias. Sin darnos cuenta, podemos llegar a ser víctimas de nosotros mismos, aunque no lo hagamos voluntariamente, podemos ser prisioneros de nuestros perjuicios y dañarnos profundamente. ¿Podemos decir que somos injustos con nosotros mismos cuando somos ignorantes de serlo? ¿Somos responsables de ello? El autoconocimiento y la autoconciencia pueden ayudarnos a salir de la ignorancia que nos impide ser libres para tomar decisiones justas hacia nosotros como por ejemplo: dejar de mentirnos, dejar de ser alguien que no somos, dejar de temer equivocarnos, dejar de juzgarnos, dejar de aferrarnos al pasado, dejar de pretender comprar el amor, dejar de postergar, dejar de lesionarnos, dejar de competir con los demás, dejar la autocompasión, dejar la autoexigencia, dejar de hacerlo todo por todos, dejar de castigarnos, dejar de autolimitarnos.

Ser justos con nosotros mismos es un arte, es cultivar hábitos que nos permitan ser auténticos y conectados con quien realmente somos, es no negarnos a nosotros mismos la posibilidad de ser quien realmente somos. Hacernos justicia es respetar lo que ya es nuestro, es reconocer nuestro derecho a ser quienes somos y vivir en congruencia con quien realmente somos. En un sentido kantiano, “nuestro” es todo aquello que está tan unido a nuestra esencia que su uso por nuestro ego y sin nuestra plena conciencia puede dañarnos.

Una de las señales claras de que no somos justos es que estamos enfadados con todo, y con todos, especialmente con nosotros mismos. Atención si notamos que estamos irritados, como enfadados con la vida, puede que en realidad estemos enfadados con nosotros mismos por estar tratándonos injustamente. No hace falta que otros nos traten mal para enfadarnos, en nuestro interior podemos encontrar la causa de nuestro enojo.

Platón entendía la justicia desde una visión cósmica, como la armonía y el orden que existe entre las partes que componen el universo. Somos justos con nosotros cuando estamos en armonía y en paz con nosotros mismos. Y desde esta armonía interior podemos estar en armonía y ser justos con los demás. Esta armonía y paz se derivan de comportarnos sabiamente.

Justicia y equilibrio van de la mano. Cuando logramos el equilibrio entre las necesidades del cuerpo, del corazón, de la mente y del espíritu donde cada parte cumple su función, se da el orden interno; cuando estos cuatro elementos no están en orden se da el caos y somos injustos con nosotros mismos. Es humildad sin tiranizarnos, es buen humor sin burlarnos de nosotros mismos, es firmeza sin dureza, es amabilidad sin complacencia, es desafío sin autoexigencia. No deberíamos dejar que las circunstancias o los demás perturben este equilibrio; esta justicia hacia nosotros mismos debería ser el faro que nos guíe y nos permita sentirnos seguros y confiados.

Sin la piedad, la justicia degenera en crueldad.
Y la piedad sin justicia es debilidad.
Metastasio

Para ser justo contigo mismo:

  • Trátate como tratarías a alguien que amas
  • Sé sincero contigo mismo
  • No te saltes tus propios compromisos
  • Acepta tus errores
  • Escúchate a ti mismo
  • Piensa en cómo tus decisiones van a afectarte a corto, medio y largo plazo.
  • Respétate a ti mismo
  • Busca el equilibrio entre tu cuerpo, tu mente, tu corazón y tu espíritu.
  • Sé perseverante y constante en procurar tu propio bien y del de los demás

Ser justos con nosotros mismos deja de tener sentido si únicamente se pretende el propio bienestar. Pero tampoco tendría sentido que para dársela a los demás prescindiéramos de la justicia hacia nosotros mismos.

Hermínia Gomà
17 diciembre 2015
Barcelona

Bibliografía recomendada

Grün, A. (2006). Dirigir espiritualmente. Desclée De Brouwer. Bilbao (2009)
Tierno, B. (1993). Fortalezas humanas 3. Grijalbo. Barcelona (2008)
Torralba, F (2001). Cent valors per viure. Pagès Editors. Barcelona (2003)