Cómo superar la desidia y la pereza

Post escrito por Hermínia Gomà en enero 18, 2015
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 Cómo superar la desidia y la pereza

 
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La pereza anda tan despacio que la pobreza la alcanza enseguida
Marco Aurelio
Mi holgazanería no me deja tiempo libre para nada
Alphonse Allais

Recuerdo una pregunta que me hicieron hace años: ¿Cuál es el mejor momento para plantar un árbol? Hace veinte años. ¿Y el segundo mejor momento? Ahora.

¿Has tenido una buena idea en tu cabeza pero aun teniendo tiempo no pudiste dar el primer paso? A veces es difícil “pasar a la acción”, carecemos de la energía  necesaria para dar el primer paso o sentimos una opresión en el pecho que nos lleva a decidir “no hacer nada” o quizá pensamos: “ya lo haré…”. Este fenómeno que antiguamente se denominaba “pereza” actualmente se ha dado en denominar “procrastinación” y es el acto de diferir (no se sabe hasta cuándo) una tarea a pesar de que no existe ningún valor positivo en hacerlo.

Para el desidioso todos los días son festivos
Horacio

¿Eres capaz de presentir la felicidad que sigue a la verdadera liberación de las cadenas que te impiden desarrollar todo tu potencial? Qué triste, absurda y vacía puede ser nuestra vida sin esta liberación. Cuando nos quedamos pegados a la desidia, algo en nuestro interior nos inquieta, quizá no sabemos exactamente de qué se trata, pero sí percibimos el malestar que nos genera.

La desidia nos aparta de nuestro genio, nos quedamos mirando a nuestro alrededor sin ver nada, como meros caparazones carentes de contenido. Estamos matando el tiempo y con él la vida. ¿Cómo despertar a la vida? Es ahora, en este preciso momento cuando estamos vivos. Somos poseedores de un apasionante hoy y es en este “aquí y ahora” que podemos mostrarnos y vivir siendo quienes somos.

La desidia puede ser también una actitud ante la vida, una despreocupación o desinterés como respuesta a una falta de confianza o valoración personal. Es como si la persona creyera que nada de lo que haga puede ser interesante ya que ella no es merecedora de ningún interés y deja de preocuparse por su propia salud, aspecto o bienestar. La desidia puede estar vinculada al caos y a la desconexión con nosotros mismos, con nuestra esencia, es lo opuesto a lo que realmente somos. Si somos conscientes de sentir esta desidia podemos aprovecharla como una oportunidad para aprender de nosotros mismos, para cambiar el rumbo de nuestras vidas.

Hoy deseé hacer nada. Es interesante saber que deseo y desidia proceden del mismo verbo latino desidere. La desidia es abandonar una oportunidad, un abandono que acaba denotando pereza. El deseo es añorar una oportunidad. Cuando decidimos “dejar de hacer” simultáneamente elegimos eludir una oportunidad y a la vez estamos lamentando su pérdida.

Como dice Friedrich Nietzsche en “Schopenhauer como educador” la tercera consideración intempestiva: “Tenemos que responder ante nosotros mismos de nuestra existencia; por eso queremos ser los verdaderos timoneles que la dirijan, y no estamos dispuestos a permitir que se asemeje a un puro azar carente de pensamiento. Esta existencia requiere que se la tome con cierta temeridad y cierto peligro”.

Para Nietzsche el miedo es pereza. Para salir de la desidia, de la pereza hemos de vencer el miedo. Si queremos ser auténticos y liberar todo nuestro potencial hemos de afrontar situaciones complejas, tomar decisiones difíciles y hacernos cargo de nosotros mismos. En definitiva, asumir la responsabilidad de nuestras vidas. Cada uno de nosotros somos creadores de nuestro día a día, lo que significa rechazar la indolencia, la indiferencia y la cobardía, significa abrazar la libertad y alejarnos de lo acostumbrado.

A raíz de las reflexiones de la citada obra de Nietzsche, surgen dos principios que el coaching teleológico recoge para una buena praxis profesional:

  • El coach teleológico ha de reconocer las cualidades y talentos particulares de su cliente y dirigir el proceso al despliegue de este enorme potencial.
  • El coach teleológico ha de cultivar su carácter para lograr una armonía interior que le permita desplegar su propio ser y estar en armonía consigo mismo.
Una y otra vez se aferra uno a las cosas a las que ha tomado cariño
y piensa que se trata de fidelidad, pero es solo pereza
Hermann Hesse

¿Cuántas veces hemos oído decir a un profesor que nuestro hijo tiene un potencial extraordinario pero que «no se aplica lo suficiente» o «debería esforzarse un poco más»? ¿Cuántas veces hemos dicho lo mismo a alguno de nuestros hijos?¿Y esa compañera de trabajo que nunca entrega a tiempo sus proyectos? Con independencia de sus causas estas personas son inmediatamente etiquetadas de perezosas. ¿Realmente la gente es perezosa? Mi experiencia me dice que la baja productividad o inactividad, sea en los estudios o en el trabajo, casi siempre es una estrategia que utiliza la persona para afrontar una situación que le da miedo. A pesar de ello, innumerables personas han sido estigmatizadas con injustas acusaciones de pereza. Y muchas de ellas son personas adultas que vienen arrastrando heridas emocionales desde su época escolar.

La sociedad nos dice demasiadas veces lo que tenemos que mostrar o demostrar.  A ciertas edades es fundamental ser aceptados por el grupo y el precio que algunos pagan es muy grande. Ser el “empollón” no es muy popular. Algunos deciden no sobresalir por miedo a no ser apreciados y aprenden a esconder sus cualidades o talentos. No quieren ser “diferentes”. Otras personas deciden no brillar para que los demás no les exijan que demuestren su potencial o están cansados de que se aprovechen de sus talentos. Estas decisiones les llevan a negar parte de su esencia y se convierten en “perezosas”, porque “¿para qué esforzarse?” si no pueden ser la mejor versión de sí mismos. Quizá no permitimos desarrollar nuestros talentos o competencias por la responsabilidad que ello conlleva.

Recuerdo el caso de un cliente que era superdotado, al que llamaré Arturo. Arturo tenía una hermana pequeña que no lo era. Su padre los comparaba continuamente humillando a su hija por no parecerse a su hermano. Arturo, de manera inconsciente decidió renunciar a su talento y empezó a mostrarse como “perezoso, con desidia”, bajó su rendimiento escolar, empezó a relacionarse con compañeros conflictivos. Se sacrificó anulándose para que su hermana no recibiera las burlas y afrentas de su padre. Cuando a los 25 años pidió hacer un proceso conmigo su problema es que su vida no tenía sentido y había entrado en el mundo de las drogas. A través del proceso descubrió que había negado totalmente sus talentos y cualidades, tomó consciencia de su verdadero valor y perdió el miedo a ser él mismo. Dejó de sentirse avergonzado de su grandeza, y a pesar de que el sacrificio que hizo tuvo sentido en su momento ahora ya no le hacía ningún servicio. Entendió que podía liberarse de esa responsabilidad y permitirse manifestar su inteligencia en todo su esplendor.

Desafiar lo establecido es lo que nos permite mostrar nuestra singularidad y para ello necesitamos el coraje para ser nosotros mismos. Como no lo hacemos, acudimos a la pereza como castigo por nuestra cobardía. Esta estrategia para afrontar el miedo a ser nosotros mismos conlleva un gran padecimiento interno. Con la pereza nos privamos, renunciamos a desarrollar todo nuestro potencial, a liderar nuestras vidas.

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El otro día, realizando una sesión de coaching salió precisamente este tema. La clienta después de realizar el ejercicio de “primero cómete las verduras, después ya te comerás el postre” comentó que postergaba realizar ciertas tareas en su trabajo. Apliqué la herramienta del flujo de pensamiento y llegó a la conclusión de que si no postergara sería “perfecta”. En ese momento tomó conciencia de que el miedo a no ser perfecta le impedía pasar a la acción. No se trataba de ser perfecta, se trataba de ser ella misma. El perfeccionismo está muy conectado con el miedo. La no acción es la estrategia para evitar el miedo a no ser “perfecta”. Cuando la clienta recibió el feedback visual pudo tomar conciencia del problema y el cambio de paradigma la llevó a reconstruir su creencia. No se trataba de ser perfecta, se trataba de ser ella en esencia.

Se produce un fenómeno curioso en ciertas personas dominadas por la pereza y es que cuando alguien que se encuentra en situaciones extremas les pide un favor salen de su escondite o cueva y con sus acciones responden a las necesidades del otro, esperando ser por algún tiempo los protagonistas que no pueden ser de sus propias vidas. De esta manera se sienten reconocidos durante un tiempo lo que a la larga se hace insostenible, y si esta necesidad del otro a través de la cual logran el reconocimiento no aparece se van aislando paulatinamente. La alternativa es escuchar sus propias necesidades movilizadoras para ser los principales autores de sus propias vidas lo que fortalecerá su autoestima y mejorará sus vínculos sociales.

Cuando postergas y vacilas malgastas tus momentos presentes
en no hacer nada como alternativa a la posibilidad de hacer cualquier cosa.
El no hacer nada conduce al aburrimiento.
Wayne Dyer

¿Somos víctimas pasivas de nuestras circunstancias? Desde mi rol como psicóloga veo a mis clientes como seres capaces de hacerse responsables de su propia vida aun cuando las circunstancias seas adversas. Jamás mi mirada es desde la “lástima”. Considero  a mi cliente como alguien que puede asumir de manera proactiva, desde sus cualidades y recursos internos, los sucesos que le están ocurriendo.

En algunas situaciones podríamos explicar el fenómeno de la pereza debido a que no sabemos diferir las gratificaciones. ¿Qué significa? Que la recompensa no es inmediata. Puedo decidir ponerme a estudiar (¡qué pereza!) o quedarme mirando la televisión. La gratificación por los estudios realizados queda muy lejos (llegar a ser ese profesional que quiero ser). Cuando elijo la segunda opción me convierto en una persona “perezosa”, pongo en evidencia mi falta de visión. Las personas que lideran su vida, saben que han de invertir ahora para lograr un futuro distinto. No son cortoplacistas. Pueden decidir subordinar sus sentimientos y pasar a la acción. El camino más fácil puede llegar a convertirse en una calle sin salida.

¿Qué estrategias utilizas tú para dar el primer paso?
¿Tienes la paciencia de aguardar
a que tu fango se decante y el agua sea clara?
¿Puedes permanecer inmóvil
hasta que la acción justa aflore por sí misma?
Tao Te Ching

Otro autor que me parece interesante mencionar es Carl Rogers cuando dice que el máximo poder que tenemos en la vida, es el poder sobre nosotros mismos. Si yo cedo el poder que tengo sobre mí mismo a mis circunstancias o sentimientos, estoy a expensas de mis emociones y en un momento dado permito que la pereza decida por, para y sobre mi vida. Todos en algún momento hemos podido ceder a la desidia o pereza de manera inconsciente, pero cuando somos conscientes podemos decidir sobreponernos y dar el primer paso, para que nuestros miedos o debilidades no tomen las riendas y nos arrebaten nuestro poder interior.

En un tema como el que aquí abordamos es ineludible referirnos al legado de Víktor Frankl. Después de 68 años de la horrorosa situación que vivió la humanidad, es necesario que recordemos su mensaje ante la desidia, pereza o resignación de algunos discursos negativos actuales.

Os invito a leer o releer su libro, El hombre en busca de sentido, para recordar el mensaje sumamente positivo que nos dejó: “la vida es digna de ser vivida; no olvidemos nunca nuestra capacidad para superar adversidades y sufrimientos”. En su obra no deja de repetirnos que, «vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo».

Podemos vencer la apatía, la pereza y la desidia desde nuestra capacidad de elección. Nos determinamos a nosotros mismos a través de la última de nuestras libertades, la de elegir nuestro propio camino. Según Frankl, la respuesta es que, en esencia, la solución está en el amor y se produce a través del amor. Idea que, como la mayoría de vosotros, comparto plenamente. El amor al otro y a lo que hacemos son sólidos pilares sobre los que construimos la esperanza y el sentido de la vida que nos alejan de la pereza y la desidia y nos dan la sensación de satisfacción con nosotros mismos y con lo que estamos haciendo.

Hermínia Gomà Quintillà
18 enero 2015

 

RUSSELL, B. (1989). La conquista de la felicidad. Ed. Espasa-Calpe, Madrid

Levine, M. (2004). El mito de la pereza. Editorial Paidós, Barcelona

Frankl, V. (1946). El hombre en busca de sentido. Ed. Herder. Barcelona

Rogers, C. R. (1961). El proceso de convertirse en persona. Paidós. Barcelona