Sobre el estrés, los directivos, las ollas y las ranas

Post escrito por Hermínia Gomà en febrero 26, 2015
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Sobre el estrés, los directivos,
las ollas y las ranas

 

Olla-express-antigua

 

Incorrectas estrategia para afrontar el estrés pueden ser la causa del sufrimiento de muchas personas que asumen grandes responsabilidades. Si es tu caso, te invito a seguir leyendo este post.

Un porcentaje elevado del estrés se corresponde con factores psicológicos, a pesar de que sus manifestaciones sean de tipo físico. A mayor presión emocional, más contención, (deseos de agradar, de demostrar, de controlar…) y por tanto, más tensión interna. Cuando pienso en el estrés me viene a la mente la imagen de una olla, bien tapada, encima del fuego, hirviendo y a punto de explotar. A mayor tiempo en el fuego, mayor estrés. Si la olla tiene la válvula de salida de vapor obturada, es fácil que llegue a explotar. Si el vapor generado (emociones) puede salir libremente (consciencia y permiso para expresar nuestras emociones) menor será la presión y menor será la sensación de estrés.

Siguiendo con esta metáfora, como coach te preguntaría:

–        ¿Encima de que fuego te encuentras ahora?

–        ¿Qué se está cociendo en tu interior?

–        ¿Cómo limpias tu válvula de escape?

–        ¿Qué te permitirá bajar la intensidad del fuego?

–        ¿Qué te estás permitiendo dejar ir?

Muchas veces no podemos evitar estar sobre el fuego (compromisos, responsabilidades, consecuencias de nuestras decisiones…), no son las causas externas el principal factor estresante, incluso, si bajamos el fuego al mínimo, podemos seguir supeditados al estrés por no limpiar la válvula que nos permite regular y responder de manera proactiva. Inclusive, hay personas, que al apagar el fuego (vacaciones) permanecen en presión, ya que creen que tendrían que estar haciendo (culpa) cosas que no hacen.

Cuando la carga de estrés es muy alta, algunas personas buscan compensar la angustia y el malestar realizando actividades que no dejan de ser huidas para mitigar el dolor de escuchar en su interior. Cuando por fin aceptamos que algo ha de cambiar nos atrevemos a buscar dentro para descubrir lo que “se está cociendo”, y nos atrevemos a rebajar la presión dándonos ciertos permisos como son: “el permiso para equivocarnos”, “ para dejar de agradar a los demás”, “para escuchar nuestras verdaderas necesidades”, “para aceptar lo que no se puede cambiar”…

El estrés está fuertemente vinculado a una emoción: el miedo. El estrés es la respuesta que damos cuando nos sentimos amenazados, cuando tememos por nuestra supervivencia (o la de personas de las que nos sentimos responsables) ya sea física o emocionalmente. La amenaza puede ser una creencia interna o una situación externa, puede ser de tipo físico, emocional o mental. El estrés, en forma de shocks intermitentes, suprime el sistema inmunológico.

La palabra inglesa stress fue empleada por primera vez en un contexto científico por Walter Cannon (1911), quien descubrió la influencia de factores emocionales en la secreción de adrenalina. Cannon también investigó sobre la reacción de lucha o huida, respuesta básica del organismo a toda situación percibida como peligrosa. En esta reacción se liberan catecolaminas desde la médula suprarrenal y las terminaciones nerviosas simpáticas. Este término sirvió posteriormente para designar también a aquellos factores del medio cuya influencia exige un esfuerzo inhabitual de los mecanismos homeostáticos, iniciándose entonces una alteración en el equilibrio del medio interno. Cannon denominó estrés crítico al nivel máximo de estrés que somos capaces de neutralizar o regular.

Hans Selye (1936) publicó sus primeros trabajos sobre el estrés, que posteriormente definió como «la respuesta inespecífica del organismo a toda exigencia hecha sobre él». Selye utiliza el término estrés para designar a la respuesta, y no al estímulo causante de la misma. Una confusión frecuente en la literatura sobre el estrés radica precisamente en el uso indistinto de la misma palabra para referirse a una influencia ambiental, a la reacción del organismo, e incluso a la relación entre ambas.

Si la situación estresante (interna o externa) persiste, aparece el Síndrome General de Adaptación, definido por Selye como «la suma de todas las reacciones inespecíficas del organismo consecutivas a la exposición continuada a una reacción sistemática del estrés».

Este síndrome se caracteriza en su desarrollo por tres fases consecutivas:

  • Reacción de alarma. La adrenalina pasa a todos los órganos del cuerpo y los prepara para luchar o huir. A veces aprendemos a vivir con altos niveles de adrenalina para afrontar los retos cotidianos, personales y profesionales. La alta competitividad en el entorno laboral pone en juego la supervivencia, lo que hace que la adrenalina fluya constantemente. Hay personas “adictas” a estos altos niveles de cortisol (efectos eufóricos y anestésicos).
  • Estadio de resistencia. El cuerpo intenta reestablecer el equilibrio homeostático (se suele retener agua y sodio en los tejidos).
  • Fase de agotamiento. Los mecanismos de defensa del cuerpo empiezan a fallar debido al estrés continuo al que se somete el organismo. Ya no se pueden contrarrestar los efectos del estrés, se suprime el sistema inmunológico.

ranas

Muchas personas, entre ellas directivos y directivas, no escuchan su organismo, ni se dan cuenta de los altos niveles de estrés que soportan de manera continuada. Claus Møller (1993), en su libro Employeeship, nos narra una historia internacionalmente conocida, de la que he realizado una adaptación que querría compartir con vosotros:

“Había una vez unos investigadores, en cierta universidad de la que no voy a decir el nombre, que decidieron estudiar las pautas reactivas de las ranas. Según ellos, si introducimos una rana en una olla de agua muy caliente, ésta saltará rápidamente fuera de ella. La rana al verse en peligro reaccionará y huirá rápidamente. Pensará: ¡Socorro, salgamos de aquí! .

Sin embargo, si la introducimos en un acuario, con plantitas y piedrecitas de colores se encontrará en un entorno familiar y no reaccionará, se adaptará fácilmente. Pensará: ¡Fantástico, esto es vida!.

Si poco a poco vamos calentando el agua del acuario, la rana no notará el cambio, por tanto no intuirá el peligro. A medida que el agua se vaya calentando, la rana irá perdiendo reflejos. Seguramente pensará algo así como: ¡Parce que hace un poco de calor, pero bueno, seguro que pasará pronto!

Incluso cuando el agua empiece a estar muy caliente, la rana permanecerá en el acuario y seguirá allí ya que no puede percibir los cambios que se producen, aquellos que le avisan del peligro. Se quedará en el acuario hasta que se cueza totalmente. Podemos llegar a morir si no prestamos atención a la respuesta de nuestro organismo, si no escuchamos lo que estamos sintiendo. ¡Ya somos sopa de rana!

Quizá podáis pensar que los comportamientos de las ranas no tienen nada que ver con el de los directivos, pero lamentablemente, algunos directivos en cierto modo, ¡están en un acuario! Predicen que las cosas mejorarán, se justifican enfocándose en aspectos que no pueden controlar. Su estrategia se basa en un: “Pronto cambiarán las cosas”. Si estos directivos y directivas no reaccionan a las demandas de cambio que notan en su organismo, acabarán con un infarto, un derrame cerebral, hipertensión… ¡Hervirán en el acuario!

Cuanto más consciente soy de mí mismo, menos vulnerable soy al estrés. Mayor consciencia y menor vulnerabilidad están relacionadas con la capacidad de regular nuestras emociones. Si por ejemplo, al realizar un trabajo, éste no sale bien, puedo:

  • Avergonzarme (soy un inútil, nadie puede saberlo)
  • Culparme (debería haberlo hecho mejor)
  • Angustiarme (ahora todo irá mal)
  • Asustarme (¿qué van a pensar de mi?)
  • Paralizarme (no puedo hacer nada para solucionarlo)
  • Manipular (es culpa del jefe que no me informó bien)
  • Enfadarme (¡me daría de bofetadas!)
  • Negarlo (seguro que nadie se da cuenta, tampoco hay para tanto)…

Pero también puedo conectar con:

  • La humildad, el coraje y la valentía (bueno, voy a pedir ayuda para resolverlo)
  • La aceptación (esto me puede pasar, no siempre me va a salir bien)
  • La capacidad de aprender (ahora que me he dado cuenta en qué me he equivocado, lo tendré presente para la próxima vez)
  • La responsabilidad (seamos prácticos, ya está hecho, ahora se trata de solucionarlo)
  • El amor (primero me voy a tranquilizar y serenar, confío en que lo sabré resolver, voy a ponerme a ello y así me sentiré mejor)
  • La creatividad (realmente, la manera en que lo estaba haciendo no era la mejor, que gran oportunidad para cambiar la estrategia y buscar nuevas maneras de lograrlo)

Nosotros creamos las respuestas, nosotros elegimos como afrontar la carga de estrés en función de lo que decidimos pensar y del rol que queremos asumir en nuestra vida.

La mayoría de nosotros nos movemos en el mismo nivel de conciencia durante bastante tiempo, pero desde la reflexión y el autoconocimiento podemos llegar a niveles de conciencia mayores como el amor, la confianza y la creatividad, que serán lugares más adecuados para sobrevivir a los constantes desafíos de nuestra vida.

¡No seáis como las ranas, sin nivel de conciencia!!!!

¡Prestad atención a los cambios, escucharos!

¡No os quedéis hervidos, saltad pronto fuera del acuario!

¡Movilizad vuestras energías!

¡Aprended a regular vuestras emociones y daros el permiso para expresarlas correctamente!

Hermínia Gomà
26 febrero 2015
Barcelona

Bibliografía

Hawkins, D.R. (2014). Dejar ir. El grano de mostaza.

González de Rivera, J.L. El síndrome de estrés postraumático (SEPT). Psiquis, 1990, 11:289-298.

Valdés, M. y De Flores, T. Psicobiología del estrés. Martínez Roca, Barcelona, 1990

González de Rivera y Revuelta, J.L.  (1994) Capítuo XLV Estrés, homoestasis y enfermedad Publicado en: Psicologia Médica Editor: A. Seva Ino Reprodecciones (pag 1-7)